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La felicidad es una elección que no puede condicionarse por el entorno, pero sí requiere atravesar un camino de autoconocimiento y partir de condiciones equitativas.
Hace más de medio siglo el filósofo Karl Jaspers proclamó que nadie está obligado a ser feliz, pero la decisión de serlo o no debe partir de condiciones equitativas. Asumiendo este postulado, decenas de países han emprendido acciones para comprender mejor cómo, a través de la búsqueda de bienestar de sus ciudadanos, es posible el desarrollo individual de la felicidad.
Bután sentó un precedente y reemplazó en 1972 el PIB, para medir su crecimiento, por el FNB –Felicidad Nacional Bruta–. Francia (2011) e Inglaterra (2012) empezaron a indagar las definiciones de felicidad de su población para detectar allí necesidades de política pública.
Nutridos por estos hitos, organismos multilaterales como la ONU han desarrollado informes mediante indicadores socio-económicos. Por ejemplo, en el Informe Mundial de la Felicidad, impulsado por la ONU, generalmente lideran países nórdicos apoyados en su modelo de bienestar (ver infográfico). Allí Colombia ocupa puestos intermedios, contrario a lo que ocurre...