Es conocido que Medellín, a partir de los años 80, es ejemplo en el manejo del tema de la cultura en el país. Los cambios más notorios se vieron cuando se instauró la cultura como eje de desarrollo local: se comenzó a valorar el patrimonio cultural material e inmaterial y se asumió la cultura como pilar esencial para el desarrollo humano y social. Fue pionera en Colombia en la creación del Plan de Desarrollo Cultural (1990), todo esto buscando borrar la huella negativa que le impusieron por años el narcotráfico y la violencia rampante en algunas de las comunas por el sicariato. También es un hecho que, durante las pasadas cuatro administraciones municipales, la ciudad invirtió recursos importantes en promover un cambio social y cultural de gran calibre. Este esfuerzo monumental ha llevado a Medellín a figurar en el ámbito internacional como el gran ejemplo de renacer cultural, convirtiéndose en patrón de ciudad innovadora.
Por esto, no sorprende que de las entrañas de la ciudad continúen brotando nuevos líderes, que motivados por ese renacer de Medellín deciden seguir con la tradición de trabajo cultural, con pleno conocimiento de que es a través de ella como podemos triunfar como sociedad y generar cambios radicales. Estos “héroes culturales” hacen una labor ejemplar para ayudar de forma desinteresada a sus comunidades y beneficiar sus pequeños universos.
Luchan sin dejarse intimidar por la presión global, donde solo se considera útil aquello que produce beneficios financieros. Saben claramente que la única motivación para una gran mayoría de la humanidad está basada en el amor por el dinero, y cuya única premisa es: solo lo útil para mí y todo aquello que me genere un beneficio personal. Saben que los recortes a los presupuestos que le corresponden a la cultura por parte de los gobiernos son el pan de cada día, entienden claramente que esto se debe a que nuestros gobernantes no creen en los innumerables beneficios que genera la cultura por dos razones: la primera, porque la miran con desinterés; y la segunda, porque le temen. No les interesa, porque no la entienden. Y le temen porque saben que un público educado es imposible de controlar.
Cuando acepté el reto de Martha Ortiz Gómez, directora de EL COLOMBIANO, para ser Director por un día, no dudé un segundo que el tema sobre el cual quería hablar era cultura, asumiendo que tenía una idea muy clara de lo que era, y destacar a esos seres extraordinarios que se desenvuelven en el quehacer cultural. Grata fue mi sorpresa al descubrir que la cultura va más allá del mundo cultural, entendí su poder de transformación, aprendí que es infinita y casi imposible de definir. Esta interfiere en todas las acciones del ser humano, por esto, podríamos decir con certeza que todos somos cultura. Entiende uno el valor del significado de su raíz latina: cultus, que significa cultivar.
Me llena de emoción presentar a estos líderes culturales, sin ellos el sistema colapsaría, rompiendo la delicada estructura necesaria para el desarrollo social de una comunidad. Con su labor construyen y afianzan ese tejido cultural, que es el que ha permitido que esta ciudad no caiga en un hoyo profundo. En las próximas páginas los invito a que se maravillen con estos seres ejemplares que, desde sus mundos, están generando cambios que perdurarán en nuestra cultura por generaciones. Personajes que trabajan desinteresadamente por hacer visible nuestra diversidad cultural, totalmente convencidos de que tenemos que enfocarnos en crear un patrón de progreso propio, centrado en nuestros valores y en nuestras riquezas, y no en las réplicas de otras culturas foráneas. Seres que construyen cultura fundamentados en la compasión y en la búsqueda profunda de entender quiénes somos para crear, por fin, una identidad netamente colombiana. Con este ejercicio mi esperanza es que nos unamos, acojamos, ayudemos y expresemos toda nuestra gratitud a todos estos personajes que, con su contribución filantrópica, hacen que Medellín continúe floreciendo con esa resiliencia que la caracteriza y esa cara humana por la que ya se conoce en todo el mundo.
Agradezco infinitamente a EL COLOMBIANO por esta invitación única y llena de retos creativos completamente nuevos para mí. Siento una gran pena, ya que por motivos de espacio no se pueden hacer visibles todos esos seres maravillosos que teníamos en nuestra larga lista, quienes hacen diariamente milagros sociales. Por último, quiero dar las gracias a todas esas personas, a quienes admiro, que me ayudaron a descubrir todos estos personajes maravillosos que circulan por esta gran ciudad.