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La selva reconoce el espíritu de quien la camina. Eso dicen por ahí. Si se trata de alguien que la ama y la respeta, ella le mostrará el camino y la protegerá de los obstáculos; pero si el caminante tiene malas intenciones su recorrido puede enredarse.
El Amazonas es un territorio lleno de leyendas, muchas alrededor del agua, las plantas y los animales. Allí se asoma la curupira, un ser fantástico conocido en el trapecio amazónico como el guardián de los bosques. Cuentan que tiene el pelo rojo, los pies hacia atrás para que nadie pueda seguir su rastro y una misión: proteger su tierra de leñadores y cazadores.
Estas historias cultivaron la curiosidad de muchos niños de la región, que crecieron encantados con la manigua, como también llaman a la selva, y sus misterios. Entre ellos están Alex Cohello, Christian Montoya, Diego Vargas, Andrés Marín, Nover Cabrera, Alan y Kevin Benjumea, Daniel García, José Castillo, Ciervo Ahue y David Mogollón, integrantes de la agrupación musical Omacha.
Hoy, ellos unen su pasión con la fascinación que sienten por su cultura. “Queremos que la música sea un puente para que gente de otras zonas de Colombia conozca nuestra mitología y tradiciones, que sepan lo que vivimos aquí y todo lo que nos rodea”, cuenta Christian, el bajista y director artístico de la banda.
Cuando se sientan a componer, sus canciones recorren el departamento en busca de los íconos más representativos de su cosmogonía. Y vuelve a asomarse este ser sobrenatural en estrofas así:
Si maltratas animales,
te lleva la curupira.
Si vas a cortar un árbol,
te lleva la curupira.
Pero ella a mí no me lleva
porque yo cuido mi selva.
Cuando se escucha esta canción por primera vez, la costumbre del oído se remite de inmediato a un vallenato; sin embargo, las canciones de Omacha se mueven dentro de un género muy particular, como lo explica Diego, saxofonista y encargado de la flauta traversa en el grupo.
“Nuestras canciones hacen parte de la música popular regional, que es un tipo de mixtura melódica entre Perú, Brasil y Colombia. Un brasileño intenta tocar una cumbia y le suena distinto; o un colombiano trata de interpretar un carimbó y surgen otras cosas nuevas. Así fueron experimentando muchos músicos para darle vida a esos ritmos populares”.
Agrega Christian que “las fronteras que los dividen se quedan en el papel. En el trapecio amazónico todos somos hermanos; tenemos incluso más influencia de Brasil que del centro de Colombia”.
Los sonidos de la cuenca
La música popular amazonense es un término acuñado por Alfonso Dávila Ribeiro, un investigador y maestro leticiano que se dedicó a estudiar las melodías de la región por casi 40 años. “Gracias a sus enseñanzas comprendimos, por ejemplo, por qué tocamos la guacharaca”, explica el vocalista, Alex Cohello. “Entre los sesenta y setenta llegaron del Caribe bandas de las Fuerzas Armadas, por eso tenemos en nuestros sonidos guacharacas y cajas vallenatas”, agrega.
Estos instrumentos tienen algo en común: no necesitan conexiones eléctricas. La música de Omacha hace parte de las murgas del Amazonas, un formato de agrupación que los músicos de la cuenca ven como un laboratorio en el que experimentan con esos géneros que se alimentan del río y se interpretan solo con instrumentos acústicos, como la campana, la armónica y los tambores.
Las murgas hacen parte de las categorías reconocidas por el Pirarucú de Oro, el festival que reúne cada noviembre en Leticia a los mejores exponentes de la música del territorio. Omacha obtuvo el primer lugar en 2019; reconocimiento que les permitió grabar un nuevo sencillo y crear un portafolio para sonar en ciudades como Ibagué y Bogotá.
El encanto del bufeo
Omacha significa delfín rosado en ticuna, que en la región también se conoce como boto o bufeo. Además de estar en el nombre que los representa, es el protagonista de otra de sus canciones: La leyenda del bufeo colorado. En su mitología es una criatura que en las noches de luna llena se transforma en un hombre vestido de traje y sombrero, para llevarse las mujeres al río.
Misteriosa agua
que su misterio nos contó.
Viene en la corriente
con su encanto seductor
un pez, un hombre, un pez
que a una india encantó.
Omacha quiere contar historias, las de la selva y la curupira que los protege. Los primeros artistas de la región, como el maestro leticiano Pedro Bernal, iniciaron este movimiento que ellos sueñan con preservar.
“Él fue el primero en poner la ficha amazónica en la cartografía musical colombiana. Nosotros queremos ser la nueva energía que alimente el legado de estos artistas”, afirma su director creativo.
El reto para ellos es lograr que las armonías del río naveguen desde el punto más lejano del sur hasta el centro y norte de Colombia.