Sus ojos son oscuros, el cabello castaño y la sonrisa grande que ilumina su vida. Ama el cine y gusta de las matemáticas, pero también confiesa gran pasión por el squash. Quienes la abordan descubren en Sara Vallejo a una chica simpática y risueña que se destaca por sus aventuras en el mundo deportivo.
La atleta de 18 años, exalumna del colegio Montessori, combinó su vida escolar con la deportiva desde que tenía 11 años. Su rutina se convirtió en su mejor aliada y aunque era bastante complicada, se acostumbró a los largos días de entrenamiento y a las tediosas noches de estudio.
“De quinto a séptimo, fue todo muy tranquilo y aunque tenía varios momentos de estrés, supe manejarlos. Cuando pasé a octavo y hasta once, todo se complicó puesto que las competencias eran más difíciles por el nivel, así que los entrenamientos ocupaban más espacio en mi agenda y, como al mismo tiempo me gustaba que me fuera bien en el colegio, no podía dejarlo tirado. Fue una época de mucho estrés”, dice Sara.
Largas jornadas escolares, acompañada de extensos entrenamientos hacían parte de la rutina. “Salía del colegio a las 3:30 p.m., entrenaba de 4:30 a 7:30 de la noche y cuando regresaba a casa comía y luego me sentaba a estudiar, en un ritmo que terminaba tipo 2:00 de cada mañana”.
Cuenta su mamá, María Adelaida Tamayo, que a veces no alcanzaba a terminar las tareas, así que se iba a dormir y al otro día despertaba más temprano para seguir en la brega.
En un momento mientras cursaba el último año de estudio y en el que estaba aburrida en su colegio, decidió cambiarse a La Enseñanza, en donde también la apoyaban pero los maestros no estaban acostumbrados a su forma de vida.
Al darse cuenta del error que había cometido pidió terminar en el colegio en el que había estudiado siempre. Sara finalizó once entre trabajos y exámenes en la oficina de la directora, quien no dudaba del talento que tenía, pero le preocupaba la no asistencia a clases debido a los campeonatos en los que debía competir.
“Aprendía por internet o con profesores particulares; afortunadamente todo salió como yo lo esperaba”, señala y asegura que su materia favorita era matemáticas, porque siempre le fue muy bien.
“Ángela Martínez fue la profesora que hizo que me gustaran los números, porque me encantaba como enseñaba y yo le entendía todo”, recuerda la atleta.
“Sara es una niña muy juiciosa, es entregada a lo que hace, muy disciplinada con el estudio y con su deporte. Es una niña que le gusta investigar mucho y hacerlo lo mejor que puede”, relata María Adelaida.
Ama los planes saludables
Aparte de su vida deportiva, Sara reparte el tiempo libre yendo a cine y viendo películas. “Las que menos me gustan son las de terror, pero me las aguanto -cuenta entre risas-. Me encanta el cine de amor; las colombianas, de suspenso. Si sacan una película o veo que hay un estreno, tengo que ir a verla”.
Pocas cintas la hacen llorar, pero su favorita, Karate Kid, la conmovió al punto de las lágrimas. Recuerda esa escena en la que el protagonista gana y abraza a su mamá. “Lloré porque lo he vivido, yo logro algo y a la primera persona que busco es a mi mamá”.
Y podría decirse que Sara es una chica “zanahoria” pues no le gusta trasnochar ni salir a bailar, ni siquiera cuando estaba en colegio le interesaba.
“A veces pienso que quiero salir pero veo mi cama, me acuesto y se me pasa”, explica mientras se ríe, pues lo suyo es el deporte. Sus familiares más cercanos y amigas coinciden en que es muy encerrada pero ella asegura que trabaja muy duro para descansar el fin de semana y poder dormir hasta tarde.
Prefiere los planes saludables: ir a la piscina, relajarse en un jacuzzi o compartir tiempo con su madre. Es muy femenina y le gusta arreglarse las uñas o hacerse tratamientos en el pelo, dos cosas que no le pueden faltar. “Pocas veces leo y no es porque no me guste, sino que es por mi estilo de vida, empiezo a leer y me quedo dormida -dice riendo-. Además me encanta cocinar, salir a trotar o ir a escondidas con mi mamá a comprar ropa”.
La princesa de la casa
Su familia la conforman María Adelaida Tamayo, madre, una diseñadora que combinó el cuidado de sus hijos con las decoraciones de Halloween y de Navidad; Manuel José Vallejo Rendón, su padre, arquitecto; y su hermano mayor, de 21 años y estudiante de quinto semestre de medicina Manuel José.
“Es toda una princesa; contemplada y consentida, su hermano es mayor pero ella es el centro de atención de la casa -advierte María Adelaida mientras se ríe-, porque es la menor y la niña”.
Igual sucede con Manuel José, su padre, quien muere por ella ni le niega nada, pues, afirma, haberles dado muchas satisfacciones y orgullos con todos sus logros en el deporte.
Saben, además, que a Sara le quedan muchas alegrías por vivir. Por lo pronto, disfruta la compañía de sus seres queridos pues sabe que por la cantidad de competencias que tiene al año, cada vez es más difícil el encontrar un momento en el que se puedan reunir.
“Ahora que estoy más tranquila trato de salir mucho en familia, dedicarle más tiempo a mis papás ir a comer con ellos”, cuenta.
Y aunque últimamente es la culpable de que todas las vacaciones familiares se deban modificar por su agitada agenda, sus padres y hermano entienden que su amor por el squash la hace modificar, de manera imprevista, todos los planes.
“Siempre que me dicen que hay algo en familia para hacer o que nos vamos a ir de viaje yo respondo ‘no puedo, no ves que tengo tal torneo’ o ‘no va a ser posible, no ven que tengo que entrenar’ y así se caen muchos compromisos”, afirma esta joven deportista, mientras repasa varios de ellos.
Quizás, la excepción a la regla la vivió en la pasada Semana Santa, durante las últimas vacaciones en familia. “Íbamos para Coveñas, y yo no quería ir, porque tenía una entrevista en televisión. Mis papás me dijeron que lo lamentaban pero que debía ir porque hacía mucho tiempo no viajábamos juntos y ellos querían que tuviéramos un momento para nosotros, así que yo, obligada (risas), me monté al carro”.
Ahora Sara tiene un nuevo reto . Luego de su año sabático alejada del estudio, la deportista volverá a los salones de clase pues en enero iniciará Medicina en la Universidad CES pero eso sí, jamás dejará la raqueta pues ya es parte de su vida.