Cuando llegué a Chile para estar al lado de la Selección Colombia lo hice con la ilusión que tenía la mayoría de los colombianos, de que el título de la Copa América fuera, por segunda vez, para el país.
Esa ilusión venía respaldada por la gran actuación del combinado patrio en el Mundial de Brasil y por el gran momento de muchos jugadores en el exterior, sobre todo, el de James Rodríguez.
Empezamos a realizar la cobertura planteada por el periódico: enviar videos, trinar sobre el acontecer de la Selección y sacar historias en el impreso todos los días.
Me alojé en el centro de Santiago de Chile, mientras la Selección trabajaba en las afueras. Muy temprano me desplazaba diariamente al sitio de concentración, en el que la mayor alegría era ver a cientos de colombianos que aguardaban por sus ídolos en las afueras. Esperaban una foto, un saludo, un autógrafo. A veces tenían suerte y, otras veces, les limitaban el acceso y se iban tristes, pero con la esperanza de que al otro día lograrían su objetivo.
El primer partido de la tricolor fue en Rancagua, un pueblo pequeño con gente amable que miraba asombrada cómo llegaban tantos colombianos a su localidad. El rival era Venezuela y se esperaba empezar con pie derecho. Estábamos ubicados en la tribuna de prensa y, con la mayoría de colegas, sabíamos que el favoritismo podía ser dañino. Sin embargo, nos contagiamos del ambiente festivo de las tribunas y de esas miles de caras pintadas de amarillo, azul y rojo.
Al final, quedó la tristeza de reportar sobre una inesperada derrota y decirle a las audiencias que lo que se venía era muy difícil. Recuerdo que escribí la nota mientras regresaba en el bus hacia Santiago. Me tocó enviarla con un internet móvil, en medio de la pesadumbre de los hinchas que venían conmigo y a la espera de que no fallara el envío porque en la redacción del diario esperaban las notas para poder cerrar la edición a tiempo. Trabajaba a contrareloj para intentar ofrecerle a las audiencias la mejor información contextualizada.
Vea aquí el especial sobre la Selección Colombia en la Copa América Chile 2015
Se venía Brasil y el pesimismo se sentía en el sitio de entrenamiento. La Auriverde tenía una paternidad grande sobre Colombia y no perdía ante los cafeteros desde hace 24 años. El día del juego me instalé desde muy temprano en el estadio del Colo-colo de Chile. Los colegas brasileños respetaban a Colombia, pero daban por sentado un triunfo de su selección. Mientras que para los aficionados colombianos era la oportunidad de sacarse la espina que quedo tras la eliminación del Mundial.
Terminó siendo una noche histórica, Colombia vencería a Brasil y, para mí y el periódico, significaba estar presente en esa “cachetada” a la historia. A través de los medios con los que contábamos llevamos a todos los compatriotas las reacciones del cuerpo técnico y los jugadores y la algarabía de los hinchas. Ese resultado había pagado el viaje de los colombianos que asistimos a Chile.
El empate ante Perú y la clasificación para jugar con Argentina, en cuartos de final, se convirtieron en hechos anecdóticos. La eliminación llegó a manos de los albicelestes y la ilusión se quedó a mitad de camino.
Durante la cobertura experimentamos climas fríos, otros muy calurosos. A veces tuvimos inconvenientes para transmitir las noticias, en los desplazamientos, en las comunicaciones, pero valió la pena, porque al final las audiencias pudieron vivir a través de mi trabajo lo que pasó con una Selección, que le ha permitido recuperar la credibilidad a todo el país.