Nació el 30 de abril de 2005, una fecha que tiene un significado especial para cualquier hincha verdolaga: ese mismo día, años atrás, nació Atlético Nacional. Su historia comenzó lejos de las grandes canchas, en Puerto Girón, zona rural de Apartadó, en pleno Urabá antioqueño.
De esa tierra también salió el reconocido boxeador Éleider Álvarez. Parra pudo haber encontrado en el boxeo una alternativa natural, pero desde niño sintió que lo suyo estaba en otro lugar. Mientras estudiaba, jugaba fútbol y se medía con muchachos de mayor edad, descubriendo poco a poco que su estatura y sus condiciones podían convertirlo en alguien diferente dentro de una cancha.
Quizás en el cuadrilátero tampoco le habría ido mal. Su físico imponente, su disciplina y su capacidad para asumir responsabilidades habrían sido armas importantes. Pero el balón terminó ganando esa pelea.
Un camino con obstáculos
Llegar al fútbol profesional no fue sencillo. Parra tuvo que vivir en una casa hogar y afrontar un proceso de adaptación lejos de su lugar de origen. A los 18 años comenzó formalmente su carrera deportiva en Medellín City, donde empezó a darle forma al sueño de convertirse en futbolista profesional.
En ese recorrido apareció una persona fundamental: el profesor Ferney Romaña. Para Parra, Romaña fue mucho más que un entrenador.
“Fue el profesor Romaña, a quien consideré un papá para mí y me acompañó en todo el proceso”.
Romaña creyó en sus condiciones desde temprano. Lo acogió en su hogar y se convirtió en una figura fundamental para que el joven pudiera adaptarse a una ciudad completamente distinta a la que conocía.
Su partida temprana dejó un vacío difícil de llenar en la vida de Parra, pero también dejó una enseñanza que el defensor conserva mientras continúa avanzando en su carrera.
Después de ese proceso y tras una etapa de captación en el Valle de Aburrá, Néider se radicó en Copacabana para continuar con su formación como deportista de alto rendimiento.
El día que Nacional lo vio
En 2023 regresó a Medellín City y comenzó a competir en el fútbol aficionado, especialmente en la Liga Antioqueña.
Fue allí donde apareció una oportunidad que cambiaría su historia.
En un partido frente a Independiente Medellín, Parra llevaba la cinta de capitán. Jugaba como uno de los líderes de su equipo cuando, desde un costado de la cancha, los ojos del departamento de scouting de Atlético Nacional se posaron sobre él.
No era una prueba cualquiera. Era la posibilidad de que el club que representa buena parte de su identidad futbolística apareciera en su camino.
El seguimiento continuó. Llegaron las pruebas y posteriormente la vinculación a las divisiones menores del conjunto verdolaga. Ese mismo año ingresó a la categoría Sub-17.
El muchacho de Puerto Girón comenzaba a acercarse al lugar que soñaba.
El salto al profesionalismo
El siguiente paso llegó en 2025. Con 19 años, Parra salió a préstamo a Real Cundinamarca, equipo de la Primera B. Allí tuvo la posibilidad de conocer de cerca la exigencia del fútbol profesional, competir contra jugadores experimentados y entender que el talento debía estar acompañado de trabajo y disciplina. La experiencia le sirvió.
Para el primer semestre de 2026 recibió la oportunidad de regresar a Atlético Nacional. Esta vez no para jugar en las divisiones menores, sino para estar cerca del equipo profesional.
El debut llegó el 2 de marzo de 2026, frente a Deportes Tolima.
Era el comienzo de una nueva etapa. La camiseta que había visto como sueño desde niño ahora estaba sobre sus hombros.
De alternativa a respuesta
Mientras afuera se discutía si Nacional necesitaba un defensor central por derecha, Parra trabajaba.
Llegó Andrés Reyes. Simón García también tuvo protagonismo. Se hablaba de nombres con recorrido y experiencia. Pero el joven de 21 años comenzó a demostrar que podía competir por un lugar.
Hoy tiene argumentos para quedarse con la posición y, aunque su historia apenas comienza, ya dejó una señal: está dispuesto a aprovechar las oportunidades.
Su presencia física es evidente. Sus 1,92 metros llaman la atención. Pero quienes lo conocen destacan algo más importante: su disciplina, su liderazgo y la capacidad de adaptarse a diferentes exigencias.
Además, Parra no ha dejado de lado su formación académica. Divide sus días entre los entrenamientos y el estudio, asistiendo a jornadas tanto en la mañana como en la noche.
Y mientras construye su propio camino, comparte vestuario con futbolistas que representan buena parte de la experiencia del fútbol colombiano, como William Tesillo y Franco Armani. De ellos también aprende. Observa sus comportamientos, escucha sus consejos y entiende que llegar a la élite es una cosa, pero mantenerse allí exige mucho más.
El gigante que habla poco
Néider es un joven de pocas palabras. No necesita demasiado ruido para hacerse notar.
Cuando habla de su historia, sin embargo, aparece una madurez que sorprende para alguien que apenas comienza a construir su carrera.
Y cuando menciona a su familia, la voz del futbolista deja ver al muchacho que salió de Puerto Girón persiguiendo una oportunidad.
“Mis papás son una parte fundamental en mi proceso y me acompañan cada día en todas mis decisiones”.
Ellos son parte de la historia que ahora empieza a escribirse en Nacional.
El objetivo de Parra no se queda en sumar partidos o consolidarse en el primer equipo. Su sueño es mucho más grande: convertirse en uno de los mejores defensores centrales y dejar una huella en la historia de Atlético Nacional.
Quiere que algún día la hinchada verdolaga recuerde su nombre no solo por los goles que evitó o por los duelos que ganó, sino por la manera en que defendió la camiseta: comprometido, disciplinado y ejemplar dentro y fuera de la cancha. Por ahora, el camino apenas comienza.