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El volante caleño estuvo por fuera del fútbol un año y tras su regreso con el Cortuluá llegó a Rionegro pensando en un título.
La vida del volante caleño Jaime Miguel Córdoba ha sido una montaña rusa con picos muy altos y caídas tan vertiginosas que por poco lo dejan fuera de su gran pasión: el fútbol.
Luego de ser campeón con América en 2008 y hombre clave del equipo que dirigía Diego Edison Umaña, Córdoba pasó al Junior y luego al Atlético Nacional, pero no pudo consolidarse y regresó a Cali.
El volante, quien fue exaltado por la Fifa en 2009 como uno de los 13 prospectos del fútbol mundial, no supo manejar la fama y el dinero.
Pasó de ser un gran prospecto a un jugador que nadie quería debido a su indisciplina. El alcohol le jugó una mala pasada y tocó fondo, quedándose un año sin jugar.
A los 27 años una nueva oportunidad se presentó y el técnico Jaime de la Pava y Oscar Martán, del Cortuluá, lo llamaron para que hiciera parte del equipo vallecaucano.
“Es bueno ver que cambió, aprovechó la segunda oportunidad que le dio la vida y el fútbol porque tiene muchas condiciones”, dice de La Pava.
Jaime regresó, marcó...