La situación que atraviesa el Deportivo Independiente Medellín en materia deportiva es complicada. Más allá de las presiones de un sector de la hinchada y del periodismo para que el técnico Alejandro Restrepo renuncie a un contrato que le acaban de prolongar, la dirigencia debe asumir una posición seria, sensata, aterrizada y alejada de fanatismos.
A nueve días de que el equipo rojo juegue el primer partido de la segunda ronda de la Copa Libertadores ante Liverpool de Uruguay (martes 17 de febrero, 7:30 p.m. en Montevideo), en una serie donde se juega la clasificación a la fase de grupos que, de entrada, otorga tres millones de dólares, cortar el proceso de tajo sería bastante arriesgado.
Los mismos jugadores, liderados por Didier Moreno, expresaron después del partido ante Internacional de Bogotá —en el que el DIM cayó en el Atanasio Girardot por 1-2— que ellos son los únicos responsables de la mala campaña por las decisiones equivocadas que han tomado en la cancha, y dieron fe del trabajo serio y responsable que realiza el cuerpo técnico durante la semana. Manifestaron que son ellos los llamados a enderezar el camino y recuperar la confianza de la afición.
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“Es injusto que todo recaiga sobre él (Alejandro Restrepo). Para mí los verdaderos culpables somos nosotros, los jugadores, los que saltamos al campo de juego. El cuerpo técnico nos da toda la información, preparan los partidos y estudian al rival; ellos más no pueden hacer”, afirmó el capitán en rueda de prensa.
El hincha no puede olvidar tampoco las dificultades que ha tenido el equipo para conformar la nómina que se pretendía: las lesiones de Daniel Londoño, Yony González y Daniel Cataño, además de otras que arrastraban jugadores importantes como Baldomero Perlaza, quien no ha podido actuar este año.
A todo lo anterior se suman las expulsiones tempranas, las decisiones arbitrales polémicas, la competencia en canchas complicadas que exigen grandes esfuerzos y hechos inusuales que han afectado al grupo, como la circulación de un video en el que aparece Frank Fabra en una fiesta —de la que nadie da certeza de su fecha— en la que compartió con colegas de Atlético Nacional y se le vio cantando una canción alusiva a ese club. Así las cosas, la utilización del lateral zurdo que tanto se necesita tras la lesión de Daniel Londoño se ha pospuesto, mientras que otro negocio que se había planteado por Mateo Puerta —formado en el club Estudiantil y ahora manejado por Águilas— no prosperó.
¿Qué pasaría con los demás integrantes del cuerpo técnico?
No es fácil para un entrenador como Alejandro Restrepo, de quien depende un grupo de profesionales que se la jugaron con él para continuar un proyecto que también ha tenido picos altos, dar un paso al costado y dejarlos a la deriva. ¿Cómo responderles por el tema legal en materia económica por el resto del tiempo que han firmado?
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En este caso, la decisión está en manos de los dirigentes y accionistas del Medellín. Cambiar de cuerpo técnico les implicaría pagarles una indemnización que no debe ser baja, pues existe un contrato hasta diciembre de 2027. Presionar por una renuncia tampoco sería ético en este momento, pues no pueden olvidar los argumentos que los llevaron a ratificarlo antes de la final de la Copa BetPlay ante Nacional, y que expresaron en un comunicado de prensa en el que, entre otros argumentos, decía: “La institución ratifica así su pleno respaldo al proyecto deportivo, convencida de que la estabilidad, la planificación y la coherencia en el trabajo son pilares fundamentales para el crecimiento sostenido del club, tanto a nivel local como internacional”.
¿Cuál es el próximo retos del Medellín?
El Medellín tendrá este martes 10 de febrero su sexto partido en la Liga BetPlay-1 de 2026 ante el Cúcuta Deportivo en el estadio General Santander; otra oportunidad para que sus integrantes demuestren en la cancha su real compromiso con la institución. Sumar será necesario para apaciguar las aguas y llegar motivados a la Copa Libertadores, el reto mayor de 2026.
Alejandro Restrepo no es un desconocido para el éxito; su paso por el fútbol colombiano ha dejado huella como un estratega estudioso, metódico y, ante todo, respetuoso de los procesos. Sin embargo, el fútbol, en su faceta más cruda, suele olvidar el currículo cuando la pelota no entra y esto es lo que hoy vive.
El estratega paisa se enfrenta a un gran desafío con un grupo de deportistas al que ha respaldado a más no poder: gestionar la crisis emocional de un plantel que lo respalda con palabras, pero que debe empezar a blindarlo con victorias.