El filósofo Eugenio Trias, escribió una frase apropiada para la tarde que iba a vivir Cristiano Ronaldo: “en esta vida hay que morir varias veces para después volver a renacer”.
Tenía noventa minutos por delante para ser el jugador que fue hace dos meses. Lo necesitaba después de la que, tal vez, ha sido su peor semana. Desde que Cristiano llegó al Real en la temporada 2009/10, nunca había tocado el cielo para bajar al infierno en tan poco espacio de tiempo.
En menos de un mes pasó de recoger el Balón de Oro a perder 4-0 en el Vicente Calderón con su polémica fiesta posterior de cumpleaños en un restaurante de la lujosa urbanización en la que reside, La Finca.
Este sábado, el volvió a ser intrascendente en el juego que el Real superó 2-0 al Deportivo con goles de Isco Alarcón y Benzemá. Deambuló por el campo con algo de ansiedad, lejos de su mejor estado de forma.
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