Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9
Su primer instrumento, su época de futbolista, sus decenas de bandas. Así es este músico.
A sus 16 años, Alejandro Duque –a quien conocen ya es por su apellido–decidió que quería ser baterista, a pesar de no tener cómo conseguir una batería. Al igual que muchos de su generación se inventó una: tarros de pintura con radiografías hacían las veces de redoblantes, parrillas de arepa a modo de platillos, el bombo era una poltrona sin patas con una ponchera empotrada, y el pedal fue fabricado en una carpitería.
Así comenzó, pero tampoco vendrían días mejores. La primera batería que consiguió después fue “un tumbis”: un fabricante de guitarras en Manizales le ofreció armarle una por partes. Cuando las recogió nunca fue capaz de armarla. “No tenía forma, ni pies ni cabeza”, dice ahora, entre risas.
Al final, pudo comprar con sus ahorros y los de su mamá una “nave” decente. Todavía hoy lo acompaña esa Tama Rockstar japonesa del 88, su primera compañera oficial.
Antes de entrar a la música fue futbolista, y de los buenos: fue arquero en las inferiores del Deportivo Pereira y preseleccionado...