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Este libro demuestra que el “infierno tan temido” ha sido una realidad muy terrenal

Entre el cielo y el infierno es un trabajo de corte teológico e histórico publicado por el Fondo de Cultura Económica.

  • Rafael Tamayo es el director del Museo de Arte Moderno de Medellín. Foto: EL COLOMBIANO
    Rafael Tamayo es el director del Museo de Arte Moderno de Medellín. Foto: EL COLOMBIANO
hace 1 hora
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“No me mueve, mi Dios, para quererte/ el cielo que me tienes prometido,/ ni me mueve el infierno tan temido/para dejar por eso de ofenderte”, se lee en uno de los sonetos más famosos de la lengua castellana. Probablemente la relación entre Dios y el creyente ideal no esté mediada por las ideas de premio y de castigo. Para el resto de los mortales el cielo y el infierno –sobre todo el infierno– han sido estimulantes para acercarse a la espiritualidad o alejarse de los vicios. Precisamente del uso político y cultural que se le ha dado al más allá trata el libro Entre el cielo y el infierno, de Rafael Tamayo Franco, publicado por el Fondo de Cultura Económica. EL COLOMBIANO conversó con el sobre el origen de su interés por la escatología (rama de la teología que estudia los últimos tiempos) y su incidencia en la historia.

Antes de hablar propiamente del libro, cuéntenos cómo se interesó por la escatología...

“Yo, de base, soy abogado, pero después de que hice tanto el pregrado como el posgrado en Derecho, volví a la Escuela de Humanidades para estudiar Filosofía y terminé estudiando Teología. En Teología hay una materia que se llama Escatología y me pareció profundamente interesante, precisamente porque hace un recuento histórico de la creencia en la vida más allá. También aborda la no creencia en la vida del más allá y, de alguna manera, lo que uno termina concluyendo al acercarse a la escatología es que, en muchos momentos históricos, ha sido una herramienta de control social.

Entonces, empecé a reflexionar y a pensar cómo, en nuestro contexto en Colombia y en un tiempo específico, se ha dado eso. Si realmente sucedía, si la gente creía o había creído firmemente en una retribución positiva o negativa después de la muerte. Ese fue, en parte, el proceso de acercamiento a la escatología”.

Hay una cosa interesante en el libro y es que las ideas de cielo e infierno no son fijas. Es decir, esas ideas alimentan las épocas, pero también se alimentan de las épocas...

“Es una especie de círculo de ideas que, de alguna manera, va generando en el tiempo una espiral. Es una representación gráfica que siempre me imagino para el desarrollo del conocimiento y para entender cómo vamos pasando de una era a otra, pensando algunas veces más o menos en el mismo sentido y otras veces transformando las ideas con el tiempo. En términos escatológicos, como el miedo es un concepto que atraviesa toda la idea de escatología, este se termina alimentando de realidades más o menos cercanas. La guerra, el frío, el hambre, el desamor. Esos miedos son los que empiezan a nutrir ese amueblamiento del más allá, donde uno se encuentra terroríficamente con el otro, hay torturas y demás.

Entonces, sí, creo que ahí hay una conexión entre el más allá y el más acá, en imaginarlo, porque siempre tienen que ser conceptos que cualquier persona pueda entender y que pueda imaginar. Eso hace que el más allá se tenga que nutrir necesariamente de lo que está sucediendo en un tiempo y lugar específicos. Esa relación de doble vía me ha parecido siempre muy interesante”.

En el libro se habla de una diferencia entre América Latina y América del Norte. Aquí los mensajeros del cielo descienden a comunicar mensajes mientras allá hay muchas visiones de lo que sucedía en el cielo. Casi que se ve una idea de la movilidad social...

“Esta es una idea que Weber presentó en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que creo que es fundamental en la sociología de la religión. Si bien hay autores que construyen y deconstruyen esas ideas, la verdad es que sigue siendo muy vigente la idea de que efectivamente hay no solamente una jerarquía, sino también unos procesos casi económicos relacionados con la manera en que se predican y se creen las estructuras religiosas. En la investigación, algo que en algún momento se hizo muy evidente es que el cristianismo católico español antirreformista, es decir, contrario al protestantismo, era particularmente útil para la lógica de las clases sociales, de los niveles y de las autoridades.

Aparte de eso, también hay una visión específica de la feminidad, vista de una manera muy puntual, con unas autoridades y unas intermediaciones específicas que han reflejado este culto mariano tan profundo en toda América Latina, en España y en toda Iberoamérica. Creo que eso también refleja precisamente esta idea de que el más allá se va creando de acuerdo con las dinámicas sociales y económicas de los lugares”.

También dice en el libro que para ciertas élites económicas, religiosas y políticas en Colombia resultó más útil, para moralizar o adoctrinar, el castigo del infierno que el premio del cielo. El cielo resultaba muy etéreo, mientras que el infierno era disuasivo y concreto.

“De alguna manera, haciendo estudios comparados en México, por ejemplo, termina sucediendo lo mismo. En Argentina, en las cartas de la Compañía de Jesús, se puede identificar que siempre se predica para que la sociedad o los creyentes se comporten de cierta manera. Se habla del premio del cielo, pero al mismo tiempo llega un momento en el que el cielo agota el discurso del predicador.

¿Qué más se puede decir después de afirmar que es una maravilla, que no hay palabras para describirlo, que es una luz intensa o un estado de alegría perpetua por la cercanía con Dios? Ahí realmente hay un punto en el que la imaginación literaria del discurso escatológico del cielo termina agotándose. Por el contrario, cuando se habla del infierno, la imaginación del castigo no tiene límite.

Se pueden imaginar muchos castigos. En la historia está, por ejemplo, Sísifo, que sube la piedra y la piedra vuelve a caer: un castigo eterno. O, si pensamos en Dante y en todos los círculos del infierno, hay un gran ejemplo. El infierno y el purgatorio son mucho más extensos en La Divina Comedia que el paraíso. Tienen muchos más personajes y muchas más situaciones.

Entonces, para las clases altas, una vez instalado en la mente de la gente y en los imaginarios el miedo a ciertas situaciones, resultó más útil. Es como cuando se les dice a los niños que, si no se toman la sopa, aparecerá un personaje determinado. Para la sociedad sucede algo similar.

El miedo implicaba la conducta o la abstención de la conducta de una manera mucho más eficiente que la promesa de premio. Eso ha tenido consecuencias: sociedades profundamente traumatizadas por una predicación constante del miedo”.

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