La lista es tan larga que don Heriberto Vargas no se la sabe toda. Hay aromáticas, legumbres, árboles frutales y ornamentales como guayacanes, y hasta una ceiba. Ya está pensando en sembrar unas semillas de maíz que le dieron en una visita. En el Parque Biblioteca Presbítero José Luis Arroyave San Javier, la huerta –que es grande, de casi todas las escaleras que van hasta el metro– es lo primero que se ve si se viene desde abajo.
Se acercan las doce del día y los voluntarios siguen removiendo la tierra, remojando, yendo de acá para allá. Son voluntarios y van los miércoles de 10:00 de la mañana a 12:00 del mediodía, pero es horario flexible. Un joven de uniforme de colegio saluda a don Heriberto, que le dice que si lo abandonó, casi es hora...