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Cultura | PUBLICADO EL 17 enero 2022

Cuatro historias que demuestran lo poderoso que es el arte

Incluso el arte puede llegar a salvar vidas desde sus diferentes manifestaciones.

  • Casa Kolacho es solo un ejemplo de cómo el arte puede transformar vidas. FOTO Jaime Pérez
    Casa Kolacho es solo un ejemplo de cómo el arte puede transformar vidas. FOTO Jaime Pérez
  • Casa Kolacho es solo un ejemplo de cómo el arte puede transformar vidas. FOTO Jaime Pérez
    Casa Kolacho es solo un ejemplo de cómo el arte puede transformar vidas. FOTO Jaime Pérez
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Por Juan Alcaraz

El acercamiento al cine de Steven Spielberg no comenzó en los años 70 cuando dirigió sus primeras películas. Empezó a los diez años cuando escuchaba la música que su madre ponía en discos de vinilo y luego en su adolescencia cuando llegó a sus manos la banda sonora de la primera película de Amor sin barreras.

“No recuerdo cómo llegó ese disco, pero sé que me encantó la primera vez que lo escuché. De niño podía cantar las canciones de memoria hasta agotar la paciencia de todos en mi familia”, recordó el director de cine durante una charla en la que EL COLOMBIANO estuvo presente a finales de 2021.

Así como un disco logró inspirar a Spielberg para seguir un camino en el campo cinematográfico, hay muchos ejemplos de escritores, pintores y músicos que por medio del arte y la cultura, lograron darle un foco a sus vidas.

Una alternativa

Es un hecho que la música no acaba con la guerra, pero en la Comuna 13 de Medellín se ha convertido en una elección para niños, niñas y jóvenes. En Casa Kolacho, por ejemplo, desde hace más de 20 años el hip hop es un estilo de vida para un puñado de muchachos de estos barrios que decidieron utilizar sus versos para responder con arte a la violencia que se vivía en ese entonces. Muchachos que ahora son adultos.

“El arte sensibiliza, hace que la gente saque lo mejor de sí o que haga catarsis, desde esa perspectiva es que aporta al contexto social. Nosotros somos felices porque somos fieles a los niños que empezaron a rapear y a pintar, lo que más hemos reconocido es la posibilidad de ser profesionales en lo que hacemos”, dice el artista y gestor cultural Jeison Castaño, Jeihhco.

Y como dice él, ahora son profesionales en el arte. En arte del graffiti con el proyecto Graffiti Tour y en el arte del hip hop con la escuela Kolacho. “Somos humanos, pero el arte nos hace más humanos, es memoria, propuesta y futuro, nos permite ser narradores de la historia del presente para construir un mejor futuro. El arte, entre otras cosas, sirve para sanar”, señala Jeihhco

Los libros abren caminos

Daissy Pérez es promotora de lectura y con La Casita Rural, una fundación que busca que los niños y niñas tengan espacio para conversar y expresarse, ha logrado transmitirles esa sensación de asombro con la que pueden sentir otras cosas diferentes a lo común.

“La lectura nos une y a partir de eso es que se empiezan a cambiar las vidas, ya hemos escritor tres libros en colectivo. De repente las historias para estos niños se volvieron en algo importante, antes no lo eran”, dice Pérez.

Para este grupo de estudiantes, de los municipios de Carmen de Viboral y San Vicente, crecer con una biblioteca al lado, de vecina, también les ha transformado el entorno, la vida. “Van a prestar libros, aprendieron a quererlos, a cuidarlos. Si esta biblioteca no estuviera ahí no tendrían ese referente”.

Estos son solo unas historias de cómo el arte y la cultura logran abrir el panorama, ver más allá

Una anécdota

Cuando la gratitud llega en forma de carta... 45 años después

Por: Rodrigo Morales zapata

Director Q’Hubo

rodrigo.morales@qhubo.com

“En estos tiempos recibir una carta cada vez es más extraño. Este siglo XXI y su modernidad ha hecho que las comunicaciones interpersonales cambien. Cómo será la cosa de diferente que ahora los adolescentes ni siquiera se llaman por teléfono. Y lo digo con conocimiento de causa por mis dos hijos (una de 17 años y otro de 14).

Pero en esas sorpresas bellas que tiene la vida, el pasado jueves 23 de diciembre, sobre las 10 de la mañana, me recibieron en la portería de El Colombiano con una carta que alguien me había dejado 5 minutos antes.

Confieso que la abrí con algo de susto, que se evaporó en cuestión de segundos. Cada línea que leía, mientras caminaba rumbo a mi oficina en Q’HUBO, me emocionaba más que la anterior.

Al final, cuando acabé de leerla, me contuve para no llorar. Me puse la piel de gallina y mis ojos, difíciles de llorar como pocos, se pusieron brillantes, último paso en mi caso antes de soltar una lágrima que nunca salió. Mis compañeros de oficina notaron mi estado de excitación. Me senté y les leí, emocionado, la carta. Dada la sensibilidad y sinceridad de la escritura, mi emoción rápidamente fue compartida por todos.

La carta me la escribió JJ, un compañero del Instituto San Carlos por allá en la década del 70. El comienzo es fuerte, adrenalina pura. “Esta carta es para agradecerte la influencia que tuviste en mi vida al haberme ayudado a convertirme en un buen lector. La historia es así”.

Ya con ese inicio mi corazón empezó a latir más fuerte. Inmediatamente mi mente comenzó a mirar para atrás, tratando de encontrar esos recuerdos de una adolescencia perdida hace muchos años.

“Un día fui a tu casa y vi la biblioteca de tu papá, me dejaste ojear algunas de las revistas de Selecciones y ese día me prestaste una al escondido de tu padre”, me dijo JJ más adelante. De él me acuerdo que en clase siempre se hacía al fondo del salón y casi nunca tomaba notas, pero eso sí, siempre tenía la respuesta correcta para el profesor sin importar la materia. ¡Siempre pensé que era un teso por hacer eso! Para entender lo lejano del hecho, habrá que recordar que mi padre murió un 23 de mayo de 1979. ¡Ha pasado tanta agua debajo del río! “Con los años me di cuenta que esas lecturas fueron realmente las formadoras de mi personalidad”, añadió JJ en su emocionada carta. Como mi compañero de colegio firmaba la carta con su número de celular, no me demoré en llamarlo. Apenas lo hice, soltó una corta y sincera risa. “No pensé que ibas a llamar tan rápido”, fue lo primero que me dijo.

Luego me confesó que pensaba escribir esa carta hace más de 20 años, pero siempre lo aplazaba. “Este año he estado con un plan más como de jubilado y me la encontré entre unos pendientes que tenía, hasta que me decidí a escribirla”, me confesó. Curiosamente la carta está fechada el primero de diciembre y me fue entregada el 23. Con JJ nos citamos para almorzar en los próximos días, pero más allá de eso quedé con algunas reflexiones después de leer y releer esta carta, que tocó las fibras más profundas de mi corazón. Lo primero es tener envidia, de la buena, por supuesto, de JJ que tuvo el tiempo, los deseos y todo lo que se quiera de escribir una carta de agradecimiento por algo que ocurrió hace más de 45 años. Por mi lado, confieso que me acordaba muy poco (o nada) de lo que me escribió.

Una pregunta que me hago es: ¿A cuántas personas podríamos escribirle dándoles las gracias porque nos han ayudado a ser mejores personas en el camino de la vida?

En el caso mío, me quedo con la tarea pendiente de no dejar que esta carta sea una simple anécdota y sacar tiempo para pensar en mi pasado (y dar las gracias, por supuesto).

La otra gran pregunta que me quedó es: ¿A cuántas personas hemos ayudado en nuestras vidas y nunca lo sabremos porque nadie nos lo dirá?”.

Infográfico
Juan Alcaraz

Periodista. Hago preguntas para entender la realidad. Curioso, muy curioso. Creo en el poder de las historias para intentar comprender la vida.

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