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Amor por Medellín, civismo y limpieza social

La exposición del artista Santiago Rodas busca desentrañar la relación entre la promoción del civismo y la violencia urbana, a través de las piezas gráficas de la campaña Amor por Medellín, que inundaron a la ciudad durante sus años más violentos del siglo pasado. La muestra estará abierta a partir de este jueves, 6 de julio, en La Bruja Riso.

  • La campaña Amor por Medellín tomó como referentes otras campañas mediáticas realizadas en ciudades Estados Unidos, como Virginia is for Lovers y I love New York. Foto: Cortesía Santiago Rodas.
    La campaña Amor por Medellín tomó como referentes otras campañas mediáticas realizadas en ciudades Estados Unidos, como Virginia is for Lovers y I love New York. Foto: Cortesía Santiago Rodas.
05 de julio de 2023
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Amor por Medellín es el nombre de una fundación cívica privada y de una marca publicitaria, y también fue el nombre de un grupo paramilitar o de la llamada “limpieza social”, muy populares en los años ochenta del siglo pasado. Ahora es el nombre de la primera exposición individual de Santiago Rodas, poeta y muralista, que propone una reflexión entre la coincidencia en el nombre de estas iniciativas, sus propósitos y consecuencias.

Porque Amor por Medellín, la fundación –creada a finales de los años 70 por empresarios, publicistas, curas y directores de medios– que dio origen a la campaña publicitaria, buscaba resaltar los valores ciudadanos y fomentar el civismo, es decir, la “buena conducta” y las “buenas costumbres” de los habitantes de la ciudad.

Mientras Amor por Medellín, el grupo paramilitar –conformado por miembros de la fuerza pública, para hacer labores de “limpieza social”– que operó entre 1987 y 1993, se puso como propósito matar a “quienes atenten contra las buenas costumbres”.

Así lo ponían en los volantes que repartían para anunciar los asesinatos por venir y así también se lo dijeron a los medios de comunicación a través de un mensaje que les hicieron llegar para justificar su nombre y sus acciones: “porque creemos, consideramos que estamos dando amor por Medellín fusilando estas personas”.

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“Quiero mostrar el andamiaje conceptual que hace que una campaña de civismo termine promoviendo... creándole el piso para que su opuesto también ocurra, no con culpa, sino entender cómo una campaña cívica termina mostrando los valores de una sociedad que quiere la limpieza a toda costa. Y una limpieza, digamos, no solamente de la calle, sino una limpieza de los cuerpos.

Así, desentrañando esa coincidencia, esa homonimia, la exposición “revela que se trata de una operación de sentido y fuerza de unos poderes salvajes para disciplinar una población insumisa, que encuentra sus motivos comunes en la publicidad y la desafección a la subversión, el crimen, la desviación y el pecado que se habrían apoderado de la ciudad a finales del siglo XX”, como dice en la reseña Óscar Calvo, historiador y profesor de la Universidad Nacional.

Rodas no está buscando culpables para señalar, sino que intenta encontrar por dónde se teje esa conexión macabra entre la buena conducta y la limpieza social en términos de exterminio. Es decir, cómo las campañas de civismo se tradujeron en un momento histórico en parámetros que definen la relación entre limpieza/suciedad, civilizado/bárbaro, bueno/malo, y cómo esa relación marca los límites de la identidad colectiva para construir la diferencia entre lo que somos y lo que no.

Así, Amor por Medellín termina siendo también una filosofía de vida adoptada por las administraciones municipales, que la publicidad convirtió en propaganda y que ha sido tan exitosa que se convirtió en parte de un sentido común compartido por los habitantes de la ciudad.

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“Me tomé en serio lo cosmético, mirar el diseño gráfico de esa campaña a ver qué me decía ‘la forma’, qué había detrás de un simple corazoncito”, dice Rodas

Un corazoncito que estaba en todas partes, presente todo el tiempo, para recordarles a los ciudadanos cosas como: “depende de ti, tener limpio a Medellín”, “sonría y Medellín florecerá”, “ser amable es una forma de darle amor a Medellín”. Un corazón con tallo y sonrisa que se sembró en los habitantes para convencerlos de que Medellín está bien así le vaya mal, porque “querer a Medellín es creer en ella”.

Rodas “hace una exploración gráfica y publicitaria de nuestro sentido común, a la manera de una genealogía de la marca ciudad que ha quedado incorporada en los corazones y las mentes de millones de personas como algo natural y esencial de la identidad paisa, a través de carteles, murales, periódicos, comerciales y cuñas radiales, para recordarnos o para hacer visible lo acallado por la propaganda oficial: el papel del terror y la muerte que habitan en nuestro desbordado amor por Medellín”, añade el profesor Calvo en la reseña de la exposición.

La exposición se puede visitar en la sede de La Bruja Riso en El Poblado, Cra. 42 # 8-15 Int.202, de lunes a viernes de 9 a.m. a 5 p.m. y los sábados de 11 a.m. a 4 p.m.

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