Brasil, con su prematura eliminación de la Copa América Centenario, no solo dio un nuevo paso en su particular descenso a los infiernos del fútbol, sino que vio truncada la búsqueda de alternativas a la dependencia de Neymar.
Dunga había planteado la Copa América como una oportunidad clave para crecer como equipo, para preparar una constelación que se asocie con su estrella, pero su temprano adiós y su mal juego aumentó la sensación de que Brasil comparte los males de los equipos pequeños que solo cuentan con una única figura aislada.
El equipo brasileño únicamente pudo poner en práctica el plan ante un rival muy débil como Haití y sus fragilidades quedaron al desnudo ante selecciones que están lejos de la élite suramericana, como es el caso...