Imagínese que es una cebra. De repente se percata de que un león está cerca; se mantiene inmóvil mientras el corazón le late desbocado. En una escena siguiente el león tuvo suerte y comienza a arrastrarla por el polvo. Este no es un buen momento para mantenerse en shock, porque aún podría salir de esa situación. Ahora imagine que es un león y no ha comido en días. No haberse lanzado por la cebra le habría costado la vida.
La supervivencia es una buena razón para que los mamíferos segreguen naturalmente las hormonas del estrés. Hay otras igual de importantes: las situaciones desafiantes como el aprendizaje.
Según David Pineda Salazar, profesor del doctorado en psicología la Universidad San Buenaventura y del doctorado en ciencias básicas biomédicas de la Universidad de Antioquia, “el cerebro está diseñado como tejido para aprender a través de diversos procesos que implican cambios estructurales (...) y para esto necesariamente debe pagar un peaje: el estrés”.