Alguna vez quien se haya comunicado con su entidad promotora de salud (EPS) para pedir una cita con un especialista habrá escuchado la frase “no hay agenda”. O —en el mejor de los casos— que sí hay, pero la espera se cuenta por meses. Esas demoras son las causantes de la mayoría de las peticiones, quejas y reclamos (PQR) contra las entidades promotoras de salud. Y también es de los argumentos más usados para sostener que el sistema de salud es malo.
Lo cierto es que la razón de esas demoras —que en 2025 encabezaron los principales motivos de las quejas de los usuarios, con 647.160 reclamos, según la Superintendencia de Salud— va por otro lado y no porque sea culpa de las EPS o del sector en general. El siguiente dato ayuda a responder de dónde viene la causa: la última medición que existe (2023) advierte que en Colombia hay 1,5 médicos especialistas por cada 1.000 habitantes (según cifras de la Universidad El Bosque), mientras que lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 3,5.
Entre tanto, datos del Banco Mundial advierten que hay (también para 2023) 2,5 médicos generales por la misma cantidad de personas.
¿Por qué el déficit?
Toda la situación anterior no es fortuita. El mencionado déficit es el resultado de una serie de factores que hacen que para los médicos en Colombia sea una travesía especializarse. En el mundo de la medicina se le conoce como hacer una residencia. Pasa por lo económico, lo humano, lo académico y hasta eso que está en la línea entre lo ético y lo no tan ético, por decir lo menos.
EL COLOMBIANO habló con dos médicos que actualmente están haciendo una residencia en distintas ramas en ciudades distintas del país. Piden no usar sus nombres para evitar problemas. Cada uno, por su lado, califican el cursar una maestría como “una odisea” y como “un proceso muy duro y largo”.
Andrea es una de ellas. Le contó a este diario que hacer una residencia médica en Colombia exige sacrificios académicos, económicos y personales, pues los médicos deben trabajar y estudiar simultáneamente, presentar exámenes diferentes dependiendo de la universidad en la que se presenten y asumir costos de preparación.
“Son sacrificios de tiempo porque tú tienes que salir de trabajar de turno como médico general y llegar a la casa a dedicar tiempo para estudiar para pasar ese examen”, dijo.
También cuestiona la transparencia de algunos procesos de selección y señala los altos costos de las especializaciones, que dificultan el acceso. Señaló que el costo de una especialización puede llegar a los $30 millones. Además, destaca que algunos médicos optan por emigrar a países como Alemania, México o España para especializarse.
“Se ha visto durante muchos años que en ese proceso de selección muchas veces la gente compra el cupo”, advirtió al recordar el escándalo de 40 fraudes en el examen de admisión la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia para obtener un cupo en alguna de las especializaciones médicas y quirúrgicas, ocurrido en abril de 2026.
Por su parte, Carlos relató que la “odisea” empieza, incluso, desde el rural (servicio social obligatorio) y los trámites del ReTHUS (quedar inscrito en el Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud) hasta exámenes de admisión diferentes en las universidades. Agregó que el proceso puede prolongarse durante años y exige preparación académica, tiempo y recursos para presentar varias pruebas.
Por dar una cifra, el costo de presentar un examen para una residencia en la UdeA cuesta un salario mínimo legal vigente: con la única garantía de aplicar, pero con ninguna de aprobarlo.
“Yo me presenté por dos años para poder entrar a la residencia y me tocaba gastar en exámenes de residencia entre $1,3 y $1,5 millones”, contó.
Por otro lado, explicó que algunas especialidades tienen pocos cupos y convocatorias anuales, mientras los aspirantes enfrentan entrevistas y varios procesos de selección. Y habló de supuestos favoritismo o “rosca” en algunas universidades, especialmente en programas de alta demanda, lo que le genera dudas sobre la transparencia de ciertos procesos de admisión.
“Es un secreto a voces que hay universidades en las que hay mucha rosca, pues hay programas que son mucho más pedidos y los hace complejos de pasar, entonces a veces no hay un proceso como tan legal”, añadió Carlos.
Tanto Andrea como Carlos coinciden en que a estas dificultades se suman la limitada oferta de plazas frente a la cantidad de médicos interesados en especializarse y los elevados costos de la formación. Así mismo, hablan de las exigencias que deben afrontar para alcanzar una especialización.
Y entonces: se da el éxodo
El 7,8% de los médicos que se inscribieron para presentar en 2026 el examen MIR (Médico Interno Residente) en España eran colombianos, según datos del CTO, una de las principales academias especializadas en salud. Se inscribieron 17.532 de varios países y 1.374 eran cafeteros. Y desde 2022 la tendencia es la misma: Colombia siendo el mayor aportante de inscritos, en una lista donde están Ecuador, Venezuela, Italia, Cuba, Bolivia, Rusia, Portugal, Francia, Ucrania y Brasil.
De hecho, entre 2022 y 2026 el aumento porcentual de aplicantes colombianos en el MIR fue del 130%. En 2022 se inscribieron 596; en 2023, 897; en 2024, 1.250; en 2025, 1.431; en 2026, 1.374. Para este año, de ese número de médicos que aplicaron, 474 consiguieron una plaza.
Tendrá que llegar el momento a Colombia para abordar con alguna reforma la problemática que afecta desde los médicos que quieren escalar hasta los pacientes que esperar citas por meses.
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