María Consuelo Córdoba tenía 32 años cuando decidió dejar Cartagena y empezar de nuevo en Bogotá. Había conseguido trabajo y un lugar donde quedarse, pero su expareja no aceptó la separación. Una noche del año 2000, abrió la puerta de su casa y recibió en el rostro el ácido que cambiaría su vida. Más de dos décadas después, mientras cuenta qué ocurrió con el hombre señalado por la agresión, también enfrenta una decisión sobre cómo quiere terminar su historia.
María Consuelo Córdoba no llegó al norte de Bogotá pensando que ahí comenzaría una de las etapas más dolorosas de su vida. Tenía 32 años cuando decidió dejar Cartagena, donde había pasado cerca de 18 años junto a un hombre, Dagoberto Ensuncho Sánchez, con quien vivió constantes episodios de violencia física. Se fue a la capital en busca de trabajo y con la intención de construir una vida diferente.
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“Fue una decisión mía, yo le dije: ‘Quiero ir para Bogotá a buscar trabajo’”, recordó María Consuelo en el podcast V’amos Pa’eso y Derecho Pa’ la Gente.
En Bogotá había encontrado una oportunidad para trabajar en una casa de familia. También tendría dónde vivir. Para ella, era la posibilidad de comenzar de nuevo, pero desde Cartagena llegaban las llamadas y amenazas para que regresara.
A pesar de que ella había decidido quedarse en Bogotá, las amenazas continuaban: “Si no era para él, él me decía que me mataba, que si no era para él, no era para nadie”. El hombre no aceptaba que ella se alejara y se lo repitió en diferentes ocasiones estando borracho y sobrio.
María Consuelo, por su parte, no quería volver a aquella vida. Entre las razones estaba el consumo de alcohol de su pareja y las agresiones que habían ocurrido durante la relación: “Yo le decía que estaba muy contenta acá y le manifestaba que no me gustaba estar allá en Cartagena porque a él le gustaba mucho tomar y a mí no me gusta el trago (...) llegaba borracho a querer pegarme”, recordó. “Me pegaba en el ojo, me lo hinchaba y yo tampoco quería esa vida así como de maldad”, agregó.
Hasta que el hombre llegó a Bogotá.
Era el año 2000 y, según recuerda María Consuelo, Dagoberto la visitó en tres ocasiones. En una de esas visitas llegó alrededor de las 7:00 de la noche y le pidió que fuera a recogerlo:
“Venga, recójame, que no me acuerdo de la llegada”, le dijo. Ella le respondió: “¿Cómo no, si has estado tres veces acá? ¿Cómo no vas a recordar la llegada, Dagoberto?”. Finalmente, María Consuelo no salió a buscarlo. Él llegó solo, subió hasta la casa y se encontraron ahí.
Ese día, María Consuelo había preparado su plato favoritos: fríjoles con pata de cerdo. Los dos cenaron juntos. Pero después de la comida, cuando se preparaban para acostarse, Dagoberto fue violento con ella: “Me cogió de la pijama y me la rasgó con violencia”, recordó.
Dagoberto llegó alterado por un rumor, pues un hombre le había dicho que, por María Consuelo ser bonita, seguramente ya tenía marido en Bogotá. La versión despertó sus celos y su actitud posesiva, al punto de reclamarle por una supuesta relación que ella, asegura, nunca tuvo: “Yo no tenía a nadie. Ante los ojos de Dios, que Dios lo perdone, yo no tenía a nadie”, afirmó.
Más tarde, Dagoberto salió de la casa. Pasaron unos 15 minutos cuando, de repente, María Consuelo escuchó que la llamaban a la puerta: “Ay, me robaron y las llaves se perdieron”, recordó que dijo. Ella bajó para abrirle y fue entonces cuando le lanzó el ácido directamente al rostro y salió corriendo.
“Cuando abrí la puerta me tiró el ácido (...) yo no sabía que era ácido porque lo tenía en una caneca de aguardiente (...) yo solo pensé que estaba tomando a esa hora de la noche y cuando salí me tiró ese líquido en la cara”, relató.
Después de eso, María Consuelo nunca volvió a verlo.
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