Una carta firmada por más de cien egresados del Instituto Caro y Cuervo puso sobre la mesa una pregunta que va más allá de dos videos sobre Gonzalo Arango y Andrés Caicedo: ¿hasta dónde puede llegar la opinión personal de un director cuando utiliza los canales oficiales de una institución pública?
Los egresados de los programas de posgrado del Instituto le pidieron al director, Sergio Esteban Vélez, una explicación pública por las publicaciones difundidas esta semana en las redes oficiales de la entidad.
Consideran que esos espacios no pueden convertirse en plataformas para expresar posiciones personales sobre autores, obras o asuntos culturales, porque representan a una institución estatal con una misión académica e investigativa definida.
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“Consideramos que las redes sociales, así como todos los canales de comunicación del ICC, tienen un carácter público, de acuerdo con la naturaleza del Instituto mismo”, señala la carta, fechada el viernes 2 de octubre.
Por eso, agregan, su utilización “no puede obedecer a la expresión de opiniones personales sobre temas literarios, lingüísticos o culturales”.
El origen de la discusión está en dos videos publicados por Vélez. El primero apareció con motivo de los 50 años de la muerte de Gonzalo Arango.
En él, el director construyó una lectura de la trayectoria del fundador del nadaísmo alrededor de su supuesto desencanto con la izquierda y la revolución y de su posterior acercamiento a la fe.
En esa interpretación, Vélez afirmó que Arango terminó entendiendo que “la verdadera y única revolución no se hace en la barricada, ni con el odio de clases, sino en las honduras de la conciencia individual”.
Días después, otro video, esta vez dedicado a Andrés Caicedo por los 75 años de su nacimiento, volvió a encender la discusión. Allí, Vélez describió al escritor caleño como alguien “consumido por sus propios demonios, atrapado en el laberinto de las drogas y devorado por una rebeldía extrema que no encontró dónde apoyarse”.
Las publicaciones provocaron reacciones en redes sociales, pero el cuestionamiento de fondo no se concentró únicamente en la manera en que fueron presentados ambos escritores.
Lo que varios egresados, académicos y exfuncionarios empezaron a discutir fue el hecho de que esas interpretaciones fueran difundidas desde las cuentas oficiales del Instituto Caro y Cuervo.
Los egresados sostienen que el problema está precisamente en esa frontera entre la opinión de un funcionario y la voz de una institución.
En su carta recuerdan que las literaturas colombianas están abiertas a múltiples lecturas y que el papel del Instituto no consiste en imponer una sola.
“Las literaturas colombianas, como cualquier expresión literaria, son sensibles a múltiples interpretaciones. La función de una institución como el ICC no es dogmatizar o validar una única interpretación”, afirmaron.
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Para sustentar su posición, los firmantes recuerdan además la misión del Instituto: salvaguardar “el patrimonio lingüístico y literario de Colombia a través de la formación, la investigación y la apropiación social del conocimiento”.
Desde esa perspectiva, sostienen que la labor de la entidad debe abarcar la diversidad de autores, corrientes, lenguas e interpretaciones que hacen parte de ese patrimonio. La carta también invoca principios constitucionales relacionados con la igualdad, la libertad de cultos y la naturaleza laica del Estado.
En ese contexto, los egresados consideran que una institución pública dedicada al estudio de la cultura no debería privilegiar desde sus canales oficiales una lectura particular, especialmente cuando existen investigadores, docentes y especialistas dentro del propio Instituto que pueden aportar a esas discusiones.
Ese mismo punto había sido planteado por Daniella Sánchez Russo, exdirectora del Caro y Cuervo, quien cuestionó en entrevista con El Espectador que la visión personal de un funcionario pueda terminar presentada como una posición institucional.
La carta pide, por eso, que Vélez dialogue con las distintas interpretaciones antes de fijar una posición pública sobre asuntos literarios o lingüísticos y que tenga en cuenta a la comunidad académica del Instituto.
Los firmantes también apelan a la historia de la institución. Los 84 años del Caro y Cuervo, sostienen, dan cuenta de una tradición de investigación y de diversidad en la manera de aproximarse a las culturas colombianas.
Su llamado es a que esa tradición no se pierda. “Confiamos en que usted, como conocedor de su función como servidor público, respete esa tradición y esa ‘norma de normas’”, concluye la misiva, en referencia a la Constitución y, en particular, a su artículo 13. El reclamo no es aislado.
Estudiantes de la Maestría en Literatura y Cultura del Instituto también presentaron un derecho de petición en el que pidieron explicaciones sobre el video dedicado a Gonzalo Arango.
Quieren saber cuál fue su propósito editorial y conmemorativo, quiénes participaron en su elaboración y aprobación y por qué esa lectura fue escogida como eje de la publicación.
Así, lo que comenzó con dos videos conmemorativos terminó abriendo una discusión mayor sobre el papel del Caro y Cuervo, los límites de la comunicación oficial y la manera en que una institución estatal dedicada a la investigación literaria y lingüística debe relacionarse con las múltiples miradas sobre la cultura colombiana.
Hasta ahora, Sergio Esteban Vélez no se ha pronunciado públicamente sobre la carta de los egresados ni sobre los cuestionamientos que han generado sus publicaciones.
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Preguntas y respuestas
- ¿Por qué más de 100 egresados del Instituto Caro y Cuervo cuestionaron a su director?
- Más de cien egresados le pidieron explicaciones públicas a Sergio Esteban Vélez por dos videos publicados en las redes oficiales del Instituto sobre Gonzalo Arango y Andrés Caicedo. Los firmantes cuestionan que los canales de una institución pública se utilicen para difundir interpretaciones personales sobre autores y asuntos culturales sin una discusión académica más amplia.
- ¿Qué dijo Sergio Esteban Vélez sobre Gonzalo Arango en el video que generó polémica?
- En el video publicado por los 50 años de la muerte de Gonzalo Arango, Vélez presentó una interpretación de la trayectoria del fundador del nadaísmo centrada en su supuesto desencanto con la izquierda y la revolución, así como en su posterior acercamiento a la fe. El director sostuvo que la verdadera revolución ocurre en la conciencia individual y no en la lucha de clases.