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Habitantes del municipio chocoano golpeado por el conflicto reclaman presencia de exparamilitares y Estado.
Sentada en una silla de madera en la puerta de su casa, con dolor en las piernas, pero sobre todo con dolor en el alma, Nelfa Angélica Cuesta Agualimpia insiste en que, además de ir y disculparse, exparamilitares y guerrilleros tienen que cumplir. Para ella se resume en dejar de delinquir y reparar a sus víctimas.
Y lo dice por sus dos hijos y dos nietos, a los que tuvo que dejar sin vida en la iglesia aquel 2 de mayo de 2002, cuando huyó del horror que provocaron las Farc y las Auc. Una pipeta bomba de las Farc cayó en el templo y mató a 119 bojayacenses, que se refugiaban allí.
“Uno ve difícil decirles a ellos ‘yo los perdono’, pero hay que entender que si prometen que no siguen más por medio de las ‘maleanterías’ que le hicieron a uno, pues uno espera que, si llegan a cumplir, les da el perdón de todo corazón ¿o no es así?”.
Pero, con 71 años a cuestas, doña Nelfa asegura que en su corazón no está aún ese perdón, que no ha podido encontrarlo por más que ha intentado. “Pueden haber pasado...