A sus 78 años, Ela Gandhi, habla en tono lento y bajito, como tratando de que su interlocutor le entienda su inglés pausado.
Sobre sus hombros lleva el peso de ser la nieta de uno de los personajes del siglo XX, Mahatma Gandhi, quien practicó la no violencia, legado que le sirvió a Ela para seguir el mismo camino de su abuelo, situación que la llevó a ser una activista contra el apartheid desde muy joven.
En 1973 fue condenada a nueve años de prisión domiciliaria por su activismo y se le prohibió hacer proselitismo, pero luego hizo parte del Consejo Ejecutivo de Transición y consiguió un escaño por el Congreso Nacional Africano en el Parlamento (1994-2003).
En entrevista con EL COLOMBIANO, habló sobre el actual Acuerdo de paz, el proceso con el Eln, las víctimas y la importancia de la verdad para la reconciliación.
¿Cómo analiza el Acuerdo de paz en Colombia?
“Creo que la idea de negociar, de sentarse y hablar es muy importante en vez de estar aparte, sin escucharse, y peleando los unos con los otros”.
Pero el Acuerdo de paz con las Farc dividió al país entre los que no están de acuerdo con esta negociación y los que la apoyan. ¿Qué hacer al respecto?
“Se debe pensar más en lo que sucede cuando hay violencia: cuántas personas se afectan, y todas las distracciones que trae a la comunidad, al ambiente y al país mismo. De hecho, la violencia frena el desarrollo y afecta a más personas que cuando se utilizan métodos no violentos”.
En esa vía, el Eln está buscando una negociación con el Gobierno y este le ha exigido que cesen las hostilidades y que entreguen a los secuestrados. ¿Un mensaje para este grupo guerrillero?
“Primero le preguntaría al Eln si es muy irrealista que liberen a los secuestrados y que detengan la violencia, porque creo que no es un requerimiento irracional. Para uno poder negociar tiene que dejar las armas, sentarse a la mesa y dialogar en la posición más benéfica y que sea aceptable para ambas partes, y si ellos (la guerrilla) no pueden o han sido forzados a una posición que consideran que no es justa, pueden utilizar medios no violentos para protestar”.
Las víctimas que ha dejado el conflicto armado en Colombia han reclamado atención durante años. ¿Qué tan prioritaria es esa atención?
“Es una situación muy difícil porque uno ve que hay personas que son pobres y han sufrido muchas violaciones de sus derechos humanos en el sentido de que no tienen hogares, no tienen salud, están sin educación, sin trabajo, entre otras cosas. Ahora, si se paga una reparación a un pequeño grupo de personas y la gran mayoría continúan experimentando esa pobreza, no es una solución justa; para mí una solución sería mirar a toda la comunidad y proporcionar cosas para mejorar las circunstancias de todos los afectados”.
En un país como Colombia donde la violencia se recicla, ¿se puede hallar la paz?
“Creo que siempre hay esperanza para la paz. Cuando uno mira lo que ha pasado, por ejemplo en África del Sur, nadie pensó que fuéramos capaces de tener un estado de paz. Si miramos lo que ha pasado en otras latitudes se puede, si lo logramos en África del Sur, ¿por qué no hacerlo aquí?”.
Después de un conflicto tan largo, ¿cómo superar los odios entre unos y otros?
“Lo que hemos experimentado cuando uno trae a las dos partes, víctimas y victimarios a hablar, y el victimario está preparado para aceptar que lo que hizo estuvo mal, la sociedad empieza pedirle que se arrepienta y haga algún servicio social para repararlos y así empieza a funcionar y a superarse los odios”.
En esa medida, ¿qué tan importante es la verdad en procesos de reconciliación?
“Es muy importante. En África del Sur fallamos en pedirles a los victimarios que hicieran algo para las víctimas, eso no lo hicimos; lo que el Gobierno hizo fue reparar a los afectados, una tarea que era de los perpetradores, pero nunca fue suficiente porque nunca se sintieron reparados. Es muy difícil saber cuánto le puede dar un Gobierno a una persona que ha sido afectada por un victimario. Eso no funciona bien.
En Ruanda, por ejemplo, al perpetrador se le pide que haga algo por la persona a la que le hizo daño como una forma de reparación, y en algunos casos, ellos ayudan a sembrar o apoyan a los niños en las escuelas, eso es más efectivo que las reparaciones del Gobierno. Hay que mirar las distintas circunstancias y pedirle al victimario que haga algo por sus víctimas”.
¿Y qué decir del perdón?
“Debe venir del corazón de las víctimas y no ser impuesto. Cuando es impuesto, como sucede en algunos casos, no hay satisfacción de los afectados”.
¿Es mejor una paz mal negociada o un largo conflicto?
“Es mejor una paz mal negociada, puede tomar más tiempo en que mejore, pero es importante negociar en paz, porque al final uno tiene una mejor posición que cuando hay violencia, donde muchas personas son asesinadas y se generan más enemigos y rencores”.
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