En el Catatumbo, la niñez se escribe en medio del desplazamiento y la violencia. Muchos han tenido que abandonar sus fincas junto a sus familias, huyendo de la guerra que se recrudece en la frontera con Venezuela. Celebran cumpleaños, días del padre o de la madre en albergues temporales, escuelas adaptadas como refugios o improvisados lugares de acogida. Aun así, entre paredes prestadas y recuerdos de lo perdido, intentan mantener la ilusión de una vida normal. Una infancia desafiada por el conflicto, pero también sostenida por el afecto familiar y la esperanza.
En medio de la tragedia, el Gobierno busca mitigar los efectos del conflicto a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, que presentó un balance de las atenciones brindadas desde la declaratoria del Estado de Conmoción.
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El balance se conoce justo cuando el presidente Gustavo Petro solicitó militarizar la frontera en la zona del Catatumbo. El balance se basa en la atención a la niñez en el marco del Estado de conmoción interior que rige desde comienzos de este año en la región. Según la entidad, más de 20.000 niños y niñas han recibido atención especial gracias al paquete de medidas que busca mitigar los impactos de la guerra y brindar condiciones mínimas de desarrollo integral.
La inversión destinada a estas acciones supera los 10.000 millones de pesos, que han permitido, entre otras cosas, ampliar la cobertura de la Educación Inicial Campesina (EIC). En este frente, cerca de 2.400 nuevos niños ingresaron a procesos educativos con enfoque intercultural y pertinencia territorial, con el objetivo de garantizar que la guerra no les arrebate también el derecho a aprender.
El ICBF informó además que se han entregado más de 800 kits pedagógicos diseñados para promover dinámicas de cuidado en los hogares, mientras que en paralelo se desarrollan espacios pedagógicos orientados a fortalecer la cultura de paz en las comunidades rurales.
“La paz en el Catatumbo pasa por lograr acciones de estabilización que permitan garantizar el derecho a la educación inicial en las zonas rurales, así como diversificar los recursos a los que accede el talento humano para acompañar el desarrollo de las niñas y los niños que crecen como la Generación para la Paz. Nuestro propósito es unir esfuerzos, brindarles la oportunidad de crecer en entornos seguros y romper de manera definitiva el ciclo de la guerra”, aseguró Julie Pauline Trujillo, directora encargada de Primera Infancia del ICBF.
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En medio de la militarización, la presión de los grupos armados y la zozobra que ronda cada vereda, los niños del Catatumbo continúan creciendo en condiciones adversas. Su realidad es un contraste entre la fragilidad de una infancia interrumpida por la guerra y los esfuerzos estatales por ofrecer protección, educación y espacios seguros.