Flores, rosas, claveles y girasoles, llevó Catalina Gómez hasta la Glorieta por la Vida del Teatro Pablo Tobón Uribe, para presenciar, en pantalla gigante, la transmisión de la firma del acuerdo entre el gobierno y las Farc.
Aprovechó que ayer los funcionarios de la Alcaldía de Medellín trabajaron en horario especial y pudieron salir luego del medio día.
Para ella las flores, esas que tanto le gustan, eran la mejor forma de demostrar su alegría por la finalización de la confrontación tras 52 años. “Mi generación nunca vio un proceso exitoso de cambio. Ya era hora de avanzar cultural y pedagógicamente hacia una nueva oportunidad”.
También quería estar presente en este momento del país porque, dijo, “quiero contárselo a mis nietos”, esos que aún no tiene pero que espera en el futuro y a los que quiere decirles que sí nacieron en un país que pudo superar sus diferencias.
El ambiente alrededor del teatro, minutos antes de la transmisión de la ceremonia de la firma era de fiesta.
En grupos o de manera individual la gente se reunió para darle la bienvenida a lo que muchos consideraron una nueva esperanza.
Hasta el ataúd negro que los universitarios de Estudiantes por la Paz llevaron para que las personas depositaran en él los sentimientos, actitudes y pensamientos que querían dejar atrás como muestra de compromiso con la construcción de la paz, fue esta vez un motivo de alegría y no de luto.
“Dejo atrás... los odios, los prejuicios, los rencores, las violencias”. “Dejo atrás... las lágrimas de dolor, por lágrimas de alegría. Ya es hora de acabar con las desapariciones forzosas, con el daño a las familias, con la soledad de la espera de su ser querido”, se leía en dos de los mensajes dejados en este ataúd que simbólicamente enterraba los rencores y de paso “el conflicto armado más antiguo de América”.