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La demanda de embarcaciones para cruzar hacia Capurganá y continuar a Centroamérica superó la oferta.
La niña, de mejillas abultadas, pelo ensortijado y tez café, sonríe mientras su madre se empeña en divertirla. El padre, recostado en un bote de madera azul atracado en la arena, las mira sereno. A sus espaldas, lo que queda de una palmera sostiene la ropa que mojaron en el mar, el mismo que anhelan cruzar en su travesía hacia un nuevo comienzo.
La familia es haitiana, como lo son la mayoría de los migrantes varados en las playas de Necoclí (Urabá antioqueño), que no han podido subir a una embarcación que los lleve a Capurganá (Chocó), donde emprenderán el recorrido por la peligrosa selva del Darién. La meta es pisar suelo panameño, paso obligado para arribar a Centroamérica y seguir hacia su último destino: Estados Unidos.
Las miradas se dirigieron a Necoclí el pasado lunes, cuando se conoció la multitudinaria protesta de migrantes desesperados que salieron de sus hogares hace semanas y han tenido que atravesar varios países de Suramérica, como Brasil, Perú y Ecuador, para llegar a Colombia....