Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9
A pocas horas para la Nochebuena, el ambiente en algunos sectores de Medellín es inmejorable. No hay casa que no respire alegría.
¿Sabe qué le falta a todo esto? La paz. Es lo más hermoso que existe. Para qué quiere uno todas estas luces, todo este colorido, toda la animación de esa música de baile, si no hay paz. Para qué cantan los niños los villancicos de la novena, si no hay paz.
Estas palabras, sencillas y lúcidas, que bien firmaría el mismo papa Francisco para integrarlas en alguna de sus homilías; que repetiría con orgullo cualquier célebre orador de televisión o radio, o incluiría gustoso un predicador callejero, son de un hombre marginal, sucio y andrajoso, que anda con los pies descalzos y el cabello en riñas por las calles de Francisco Antonio Zea, el barrio de la zona noroccidental de Medellín, una de estas noches decembrinas.
Al decir esto, señala con el índice derecho la bella y copiosa decoración de las cuadras, luces rojas, verdes, amarillas, naranjas, azules, en ventanas, puertas y balcones, y otras más que atraviesan la vía por los aires de un balcón a otro, formando pasacalles decorados con estrellas...