Una rumba de tres días y dos noches calentó los ánimos entre los habitantes de la Asomadera 2, en la frontera de El Poblado y Buenos Aires, la semana pasada. La música, a alto volumen, quedó registrada en varios videos que circularon por redes sociales. Cinco días de sellamiento le costó al establecimiento la sanción de las autoridades. “Nos robaron la paz”, dicen los vecinos. “Se están pasando el POT —Plan de Ordenamiento Territorial— por la faja”, se lamentan.
La indignación en la zona no es menor: el “hospedaje rumbero”, como allí le llaman, comenzó como una construcción de una vivienda familiar. “Cuando empezaron a levantarlo, de vivienda familiar se vio muy poco: montaron una barra de cócteles, piscina y, cuando estuvo listo, vinieron las rumbas”. El lugar, según confirmó la Policía Metropolitana, funciona como hospedaje mediante la plataforma “Airbnb”.
La queja fue atendida por el CAI de La Milagrosa y el Grupo de Protección al Turismo. Según el reporte oficial, el establecimiento es una vivienda sin razón social. “No tiene letrero ni nada. Funcionaba como una vivienda de alquiler y se les fue la mano con el volumen”, precisaron las autoridades. Aunque el lugar cuenta con certificación en el Registro Nacional de Turismo, “no tenía los demás permisos”.
El caso es un buen ejemplo de la transformación, no tan silenciosa, que por allí se extiende. Si bien el “adn” de El Poblado ha conversado con actividades comerciales e industriales durante años, el POT es el instrumento que reglamenta en qué zonas pueden tener lugar o no.
Eso, al parecer, se está burlando con mayor frecuencia. Además de hospedajes y hoteles con terrazas rumberas, las quejas por exceso de ruido en zonas de alta mixtura —en las que conviven residencias, comercios y hoteles— no son menores. No es que la herramienta de ordenamiento territorial —que rige desde 2014— se haya quedado corta, dicen expertos, sino que su cumplimiento no ha sido el esperado.
Dolores de cabeza
El Poblado tiene 24 barrios. Es, prácticamente, el centro económico y de entretenimiento de la ciudad. Los problemas por el uso del suelo, según Juan Sebastián Rey, presidente de la Junta Administradora Local (JAL), vienen desde hace años. “Lo que pasa es que cada vez son más los hostales”, dice. “Hay algunos donde no se respeta la ley y hasta altas horas de la noche hay fiestas; más que todo en las zonas altas”.
Las lomas de la comuna son por definición del POT de menor mixtura. Es decir, su vocación es menos variada: suele limitarse a sectores residenciales. Estas, precisamente, son las zonas en las que advierten con más recelo la escalada de los establecimientos reseñados por Rey. En las zonas bajas, como Aguacatala y Patio Bonito, más cerca del río, se ha fomentado una vocación múltiple. Esta, sin embargo, no funciona como un cheque en blanco.
“El tema se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza”, expresa José Fernando Álvarez, coordinador de la Mesa Ambiental de El Poblado. “Esto es una zona a la que todo el mundo llegó a montar negocios”. La inconformidad no es por los establecimientos, sino por las dinámicas que generan a su alrededor: el ruido, y sus efectos en la tranquilidad y salud de los vecinos, es la queja más frecuente.
Así lo confirma Sergio Rúa Álvarez, quien lideró la formulación del Plan de Acción Ambiental (Paal) para la comuna, en convenio con la Universidad de Antioquia y la Alcaldía. De 17 problemas ambientales que allí tienen lugar, los conflictos asociados a la contaminación por ruido comienzan a posicionarse como los más traumáticos para los residentes. “La causa es el manejo inadecuado del ruido por parte de los establecimientos y la poca vigilancia y control de los hoteles”, dice Rúa.
Entre los estudios ejecutados para constituir el Paal de El Poblado se contó con una encuesta de percepción de ruido, una novedad entre los estudios de este tipo que ya se han ejecutado en otras comunas de la ciudad.
Fueron 200 los encuestados, con la posibilidad de calificar entre cero (nula) y cinco (máxima) la afectación por este tema. El promedio que arrojó el ejercicio fue de cuatro puntos. “Lo más referenciado fueron las malas prácticas comerciales y los hoteles con terrazas que hacen fiestas en zonas residenciales”.
Aunque el ejercicio no alcanza a ser representativo, la insuficiencia de tecnología para la medición de decibeles —unidad de medida del ruido— dice mucho, en palabras de Rey. La comuna solo cuenta con una estación de medición en el sector del Politécnico Jaime Isaza Cadavid. “No alcanza a indicarnos la problemática real que existe en cuanto a los comercios”.
Según un análisis del Área Metropolitana, en 2020 los barrios con más contaminación nocturna de ruido en El Poblado fueron Colombia (65,2 decibeles), Astorga (62,5), El Poblado (63,7), Villa Carlota (62,5), El Castillo (60,8), Patio Bonito (61,3) y Manila (60,6).
Lo que autoriza la Resolución 8321 de 1983, emitida por el Ministerio de Salud, son máximo 60 decibeles en la noche en zonas comerciales, mientras que el máximo en las residenciales es de 45. Los barrios mencionados combinan ambas vocaciones y, sin embargo, marcaron niveles por encima de lo recomendado.