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La trágica marca de accidentes aéreos que cargan las montañas de Urrao: el más grave ocurrió en 1993

Durante las últimas tres décadas, varios accidentes aéreos han sacudido al municipio de Urrao. El más severo ocurrió en 1993, cuando un Boeing 727 de la aerolínea SAM se precipitó a tierra con 132 ocupantes.

  • En 1983, así registró EL COLOMBIANO el accidente de un vuelo de SAM que se estrelló en Urrao. FOTOS: Archivo El Colombiano
    En 1983, así registró EL COLOMBIANO el accidente de un vuelo de SAM que se estrelló en Urrao. FOTOS: Archivo El Colombiano
  • La trágica marca de accidentes aéreos que cargan las montañas de Urrao: el más grave ocurrió en 1993
  • La trágica marca de accidentes aéreos que cargan las montañas de Urrao: el más grave ocurrió en 1993
09 de enero de 2025
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Durante la tarde de este jueves, los organismos de socorro informaron del hallazgo de los restos de una aeronave que se presume corresponderían a los de la avioneta tipo Cessna que desapareció el pasado 8 de enero cuando se dirigía al aeropuerto Olaya Herrera de Medellín.

Según informó la Aeronáutica Civil, los restos fueron divisados por un helicóptero en zona rural del municipio de Urrao, en la vereda Piedras Blancas, uno de los puntos en los que durante las últimas 24 horas vienen siendo monitoreados por los socorristas.

En contexto: Urgente: confirman que la avioneta desaparecida en Antioquia fue avistada en zona rural de Urrao

Aunque hasta la noche de este jueves las autoridades aún eran cautas y señalaban estar a la espera de una inspección en terreno para verificar si se trata del avión perdido, este episodio ha vuelto a traer a la memoria varios siniestros que han enlutado a ese municipio del Suroeste antioqueño.

Uno de los accidentes más graves ocurrió hace 32 años y todavía es recordado tras abrir un debate por la seguridad de la aviación colombiana.

La historia se remonta al 19 de mayo de 1993, cuando un Boeing 727 proveniente de Panamá y que tenía como destino el aeropuerto internacional José María Córdova de Rionegro desapareció de los radares hacia las 2:59 p.m.

Los primeros indicios que entonces se conocieron apuntaban a que el piloto del avión, de matrícula HK-2422 y que llevaba 132 ocupantes, se comunicó con la torre de control de Rionegro y señaló estarse acercando a Abejorral.

Durante las primeras horas la información fue contradictoria.

La trágica marca de accidentes aéreos que cargan las montañas de Urrao: el más grave ocurrió en 1993

Lea también: Avioneta que viajaba de Chocó a Medellín con 10 ocupantes está desaparecida

Tomando como base ese último reporte conocido, los organismos de socorro desplegaron un exhaustivo operativo de búsqueda en Abejorral, en el Oriente antioqueño, sin encontrar rastro alguno de un avión accidentado.

Sin embargo, después la atención se volcó a la subregión del Suroeste, cuando a los rescatistas llegó la versión de un campesino de Urrao que aseguró haber visto una aeronave volando muy bajo y luego haber presenciado una explosión.

El 20 de mayo esos presagios fueron confirmados, cuando una aeronave que sobrevolaba el Páramo del Sol logró vislumbrar entre las nubes los restos del avión en una empinada ladera.

Posteriormente se conoció que el lugar se trataba del cerro Zumbaculos, ubicado a 12.300 pies sobre el nivel del mar y solo accesible por helicóptero para los rescatistas.

Dicho lugar está ubicado en el corregimiento de La Encarnación y hace parte la Cordillera Occidental, cerca a los límites con Chocó.

Con base en los rastros del siniestro se tejieron las primeras hipótesis.

“Miren, se trata de una completa pared. El avión chocó de frente y reventó en mil pedazos. Es muy difícil de llegar allí por la inclinación, casi vertical, de la pendiente”, narró uno de los socorristas expertos a este diario entonces.

Siga leyendo: Cinco de las personas que viajaban en la aeronave desaparecida en Urrao eran de una misma familia

De acuerdo con esas hipótesis, se presume que tras estrellarse contra el cerro, a una velocidad de 700 kilómetros por hora, el aparato se habría prendido fuego, pero el frío, la lluvia y la densidad de la selva hicieron que la conflagración se extinguiera pronto.

“Lo que vi era un desastre de verdad. Un avión totalmente destruido. No hay una lata que tenga más de dos metros de ancha o de larga. El estrellón fue contra una pared rocosa. Son puros pedacitos regados ahí”, ilustró el capitán Alberto Jiménez, otro de los que presenció la zona del desastre.

Aunque los trabajos de recuperación de las víctimas se extendieron durante más de dos meses, a raíz de lo inaccesible del terreno y un suelo mojado que hacía resbalar a los socorristas que se adentraban en el monte, desde el primer momento se hizo evidente que ninguno de las 132 ocupantes había sobrevivido, entre ellos siete tripulantes y 125 pasajeros.

Las labores de rescate también pusieron en peligro a los mismos socorristas, que tuvieron que soportar temperaturas de entre 4 y 5 grados en el día y sufrieron fracturas, esguinces y hasta hipotermia.

Tan pronto se esparció la noticia, pilotos y expertos en aeronáutica abrieron una fuerte controversia, que incluso retumbó en el Congreso, señalando que el siniestro no era más que el producto de un sistema aéreo colombiano precario y atrasado en sus estándares de seguridad.

Y es que si bien dentro de las hipótesis que se barajaban estaba la del mal clima o hasta un error humano, el accidente destapó para el público que en Antioquia el principal instrumento de aeronavegación ubicado por fuera de los aeropuertos era un trajinado radiofaro situado en Abejorral.

Para 1983, pese a que este tipo de aparatos ya estaban empezando a entrar en desuso en países como Estados Unidos, en Antioquia seguían siendo el único insumo de los pilotos para saber donde se encontraban en su camino a las pistas de aterrizaje, con el agravante que un mal clima, como el del día del accidente, podía afectar la calidad de la información.

Para acabar de agravar la situación, seis días después del accidente, el entonces reportero de EL COLOMBIANO Juan Gonzalo Betancur se fue a visitar el radiofaro hasta Abejorral.

En un informe de página completa, el periodista denunció que el apartado yacía resguardado en una cabaña de paredes agrietadas, que llevaba más de seis meses amenazando ruina tras ser blanco de un ataque guerrillero, en el que incluso tres tiros habían perforado la maquinaria

“Tres proyectiles de fusil destruyeron en igual número de partes una de las resistencias. Los trabajos de soldadura no fueron realizados por ningún técnico especializado en estos equipos: se contrató a un ciudadano que por entonces residía en el mismo municipio de Abejorral y que se dedicaba a la hechura de rejas metálicas para puertas y ventanas. Esa persona era primera vez que soldaba un aparato de esas características”, escribió el periodista.

La trágica marca de accidentes aéreos que cargan las montañas de Urrao: el más grave ocurrió en 1993

Además de obligar a reforzar los sistemas de aeronavegación, la tragedia dejó una marca en la zona, que fue declarada camposanto.

En 2008, la otra tragedia aérea que también ocurrió en la zona rural de Urrao se situó en cerro El Burro, otro de los puntos de interés que monitoreaban las autoridades.

Allí, una avioneta tipo Cessna 206, de matrículas HK-2788, se precipitó a tierra el 3 de enero de 2008 y cobró la vida de las seis personas.

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