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Así fue la insólita llegada de la reliquia de un santo francés a la iglesia de Cisneros, Antioquia

Reliquia de primer grado, ligada al patrono de los sacerdotes del mundo, estuvo a punto de perderse para siempre en Estados Unidos. Pero por una “diocidencia” llegó a templo del Nordeste antioqueño. Hubo fiesta para recibirla esta semana.

  • Esta es la cruz del Santo Cura de Ars encontrada en Boston, Estados Unidos, y que está en Cisneros. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    Esta es la cruz del Santo Cura de Ars encontrada en Boston, Estados Unidos, y que está en Cisneros. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
  • La reliquia está conservada y custodiada por el padre Juan Sebastián Henao, párroco de Cisneros. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
    La reliquia está conservada y custodiada por el padre Juan Sebastián Henao, párroco de Cisneros. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA
hace 1 hora
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Diocidencia: esta palabra es un neologismo (palabra nueva) que combina los términos Dios y coincidencia. Esta sirve para describir una situación que, a vuelo de pájaro, parece una casualidad, pero que en realidad podría ser un acto guiado, planeado o bendecido por la divinidad. En este caso se refiere a una antigüedad que estuvo a punto de caer a un desagüe en Estados Unidos y que al final se transformó en toda una reliquia religiosa de un santo francés que desde esta semana se venera en la iglesia de Cisneros, Nordeste antioqueño.

La historia la narra el padre Juan Sebastián Henao García, quien, pese a su juventud, ya ejerce como vicario parroquial de Nuestra Señora del Carmen —nombre oficial de la iglesia de Cisneros—. Henao cuenta la historia dentro de la fresca casa cural, en la que nos refugiamos del calor que hizo el jueves en ese municipio.

“Todo comenzó en Estados Unidos, en unas vacaciones que en 2025 hizo el padre Iván Tobón Zapata —párroco de Cisneros— a ese país. Él tiene allá un conocido con el que se moviliza por la ciudad de Boston cuando viaja. Dijo que en una de esas charlas de carro, el hombre —quien es un salvadoreño— le contó que también trabajaba realizando mudanzas, y en una de ellas le pasó algo muy peculiar”, comentó el sacerdote.

Resulta que en uno de sus trabajos, al salvadoreño le encomendaron el trasteo de una acomodada familia europea. Tras empacar los elementos principales, la orden de los europeos fue desechar todo lo demás. Entre los objetos que iban a botar había una peculiar pieza en forma de cruz, algo gastada, pero que todavía dejaba ver cierto brillo dorado.

Para más Inri, la pieza estaba muy cerca de uno de los desagües de la calle, a donde pararía inexorablemente, dadas las tormentas que caían en esa ciudad gringa.

Pese a advertir la enigmática figura, el hombre continuó con su trabajo. De hecho, tras culminarlo se subió a su carro y ya se había retirado, pero algo lo hizo volver por la peculiar figura para llevársela para su casa.

De acuerdo con el relato, al examinarla junto con su esposa, la pareja descubrió una pequeña inscripción en francés que decía: “S. Joan. Vianney, Curé D’ Ars (San Juan de Vianney, Cura de Ars)”. Al lado de la inscripción había algo similar a un fragmento rodeado entre una misteriosa flor bordada, cuya procedencia no comprendían del todo.

San Juan de Vianney es una figura bastante particular, pues no solo resalta por su aspecto bonachón y su peinado, sino porque también representa la fe de la iglesia en Europa tras la Revolución Francesa.

“La familia conservó la pieza en un pequeño altar doméstico, donde acostumbraba a rezar el rosario. Esa fue la historia que esta persona le contó al padre Iván. Entonces, al padre le sonó ese nombre y pidió que se la regalara para llevarla a Colombia y ponerla bajo custodia de la Iglesia. Así fue como el asunto quedó palabreado”, comentó el padre Henao.

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Ya en marzo de 2026, durante los retiros espirituales del clero, el padre Iván volvió a compartir la historia con sus compañeros sacerdotes de la Diócesis de Girardota —de la que hace parte la parroquia de Cisneros— y de la posible llegada de la figura. Entre ellos estaba el padre Gabriel Jaime, quien planteó tres asuntos trascendentales.

El primero fue que la pieza fuera destinada al seminario, donde se forman los futuros sacerdotes. La razón es porque San Juan María Vianney, conocido como el Santo Cura de Ars, es el patrono de los sacerdotes, los párrocos y las vocaciones sacerdotales por la importancia que tiene en la Iglesia Católica. Su importancia está relacionada con sus actos de fe realizados en esa convulsa Europa posterior a la Revolución Francesa.

Sin embargo, la historia tuvo otro giro, pues el segundo asunto era que la parroquia de Cisneros algo tenía que ver con el Santo Cura de Ars. No por nada, en la casa cural había un cuadro del sacerdote.

“Se llamó al padre Víctor Weimar, sacerdote que fue por 11 años párroco de Cisneros, y le preguntaron si sabía algo del Cura de Ars y dijo: ‘Sí, claro, es el titular’. En efecto revisamos las actas de construcción de la iglesia y ahí estaba el dato corroborando la titularidad”, añadió Henao.

Para entender el asunto, todas las iglesias se consagran a un patrono, que para el caso de Cisneros es la Virgen del Carmen. No obstante, también lo hacen a un titular, que puede ser un santo, como en el mismo caso es el Santo Cura de Ars.

El tercer asunto planteado por el padre Gabriel —y que muy seguramente fue todo un revolcón— era que la pieza encontrada en Boston podría ser una reliquia religiosa ligada a este santo.

“Cuando el padre nos contó eso... hombre, ahí sí encajó todo. Esa es toda una diocidencia”, añadió Henao.

La “matrioska” de la fe

Henao relató que, en mayo de 2026, un amigo del padre Iván viajó desde Estados Unidos a Colombia y trajo consigo la misteriosa cruz. La llegada de la pieza representó el comienzo de una nueva etapa: establecer su autenticidad como reliquia antes de permitir que fuera expuesta a la veneración de los feligreses.

“El obispo de la Diócesis de Girardota —Juan Manuel Toro Vallejo— advirtió que no bastaba con recibir la reliquia sin conocer su historia, pero como no había actas de la misma, tocaba hacer otro procedimiento. Para eso era necesario cumplir el debido proceso eclesiástico correspondiente”, añadió.

Para tal fin, se convocó una reunión con el obispo, tres sacerdotes y un abogado civil con amplios conocimientos en estos temas. En ese “concilio”, se explicó qué elementos permiten dictaminar si una reliquia es auténtica e incorrupta, como la presencia de sellos de autenticidad e inviolabilidad en su interior y las condiciones de conservación de los materiales que la contienen.

Para dar fe de la autenticidad de la reliquia había que abrir la misteriosa cruz y revisar cada uno de los elementos que contenía, un asunto que, en términos coloquiales y non sancto, sería como abrir una matrioska, una muñeca rusa que en su interior contiene otra.

La reliquia está conservada y custodiada por el padre Juan Sebastián Henao, párroco de Cisneros. FOTO: <b>MANUEL SALDARRIAGA</b>
La reliquia está conservada y custodiada por el padre Juan Sebastián Henao, párroco de Cisneros. FOTO: MANUEL SALDARRIAGA

“Luego del respectivo permiso, se empezó a abrir la reliquia paso por paso. Entonces, lo primero que se vio fue el relicario. Listo, se destapó. Luego del relicario había que ver si estaba una teca, que es como un estuche pequeñito bordado con hilos de oro, hermético, que contenía lo que parecía un pedazo de hueso. Listo, sí estaba. Detrás de la teca, al destaparla, tenía que haber un sello de cera con unos hilos que dan cuenta de la incorrupción y... Listo, ahí estaban. O sea... era una reliquia auténtica. ¡Qué emoción tan grande!”, narró Henao.

La emoción invadió el recinto donde se hacía el reconocimiento, un momento que los sacerdotes recuerdan con especial cariño.

“Eso es algo muy especial porque es algo que lo acerca uno a Dios. Uno se emociona mucho, mucho. Incluso fue tanta la emoción que el obispo dijo: ‘Por favor, déjenmela unos días conmigo’, y claro, es que estamos hablando de la reliquia del santo de nosotros los curas”, añadió Henao.

Pese a la emoción de los presentes, quedaba un asunto por resolver: el acta que daba fe de su autenticidad como reliquia del santoral católico. Esto se debió a que no se pudo reconstruir con certeza la procedencia anterior de la pieza.

Ante la ausencia del acta original, correspondió al obispo —en ejercicio de su autoridad eclesiástica— evaluar el caso y expedir el decreto que reconoció la autenticidad de la reliquia, surtido el debido proceso canónico. De esta manera, la pieza fue declarada reliquia de primer grado y quedó habilitada para la veneración pública.

La clasificación de reliquias tiene una importancia especial dentro de la tradición católica. Las de primer grado corresponden a restos corporales de un santo, como fragmentos de hueso, cabello o sangre; mientras que las de segundo grado son objetos que le pertenecieron en vida. Las de tercer grado son objetos que han estado en contacto con él, incluso tras su muerte.

“¿Pero cuál es la que carga más significado? Pues la de primer grado, porque es que estamos hablando de la mismísima persona de un santo”, apuntó Henao.

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Expectativa por la noticia

Con la buena nueva de la autenticidad de la reliquia, en la parroquia empezó toda una carrera contrarreloj para tener todo listo para octubre, mes en el que se haría pública para su adoración.

También empezó el proceso —en tiempo récord— de mandar a hacer la imagen de San Juan de Vianney, la cual le fue encargada al maestro Santiago Ocampo Higuita, el genial artista religioso de El Carmen de Viboral.

“Esta es una imagen inédita, pues no existe el molde. Él la hizo especialmente para esta iglesia”, acotó el padre Henao.

También se tuvo que correr para mandar a hacer el relicario donde se expone hoy el trozo de hueso del Santo de Ars. La idea de los sacerdotes era que el nuevo relicario pudiera contener la cruz encontrada en Boston. Infortunadamente, en todos los negocios especializados a los que hicieron la solicitud, ninguno se midió al reto.

Pero como muchos son los llamados y pocos los elegidos, menos mal la famosa casa de orfebres de Villanueva, en Medellín, conocida como Orfebrería Italiana, no solo acometió la tarea santa, sino que logró hacerla con creces, entregando un hermoso relicario.

“Ya más adelante se le empezó a hablar a la gente del Santo Cura de Ars. Al finalizar la Eucaristía, dábamos algunas pauticas. Le decíamos a los fieles: ‘Vámonos preparando para lo que será la fiesta de la parroquia’. Luego íbamos contando de a poco esta historia. Y de tanto meterle retazos de la historia a la gente, quedaron como expectantes”, apuntó Henao.

La gran fiesta en Cisneros

La expectativa estuvo al borde hasta el pasado lunes 5 de octubre, fecha en la que por fin —aprovechando el aniversario de la iglesia— se dispuso la reliquia para la adoración.

Aunque la fiesta litúrgica del Santo Cura de Ars se celebra el 4 de agosto, la parroquia eligió el 5 de octubre para realizar la entronización solemne de la reliquia. La fecha coincidía con los 98 años de la erección canónica de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, establecida en esa fecha, pero en 1928, justamente con la titularidad del santo.

Pese a ser un lunes, la jornada reunió en el imponente templo de Cisneros a feligreses, familias, visitantes y sacerdotes de diferentes lugares. Según Henao, acudieron más de 30 sacerdotes, una participación que sorprendió a los organizadores y convirtió la celebración en un gran acontecimiento.

Para el sacerdote, la llegada tan proverbial de la reliquia a este rincón del mundo es una muestra de que Dios quiso detenerse un día para recordarle a sus fieles cisnereños que él sigue acompañándolos.

“Incluso se lo hemos recalcado mucho a la gente: Dios nos está esperando siempre y nos lo recuerda una vez más con hechos como este. Él se deja ver, siempre. Y por eso nos sentimos honrados por Dios, de manera especial, y por el mismo Santo Cura de Ars, que nos ha encomendado esta tarea de ser sus custodios permanentes de su figura. Claro, esto también es un reto porque ya no es solo tenerlo, es lo que expresa su vida, una conversión de todos”, añadió Henao.

Pero no solo en términos de fe hay buenas noticias, pues con la llegada de la reliquia al municipio se abre la posibilidad de que Cisneros se integre a las redes de turismo religioso del departamento, como ya ocurre con otros municipios que tienen relación con santos y beatos, como Jericó con santa Laura Montoya, El Santuario con su reliquia del apóstol san Judas Tadeo o Angostura con el conocido Padre Marianito.

—Padre Sebastián, ¿y qué hubiera pasado si resultaba que la reliquia era falsa?

—Siempre tuvimos la fe. Incluso el párroco le dijo al obispo: Señor obispo, bueno, si sí es auténtica, bienvenida sea para el pueblo. Y si no lo es, pues yo me quedo con ella porque yo sí creo que sea del Santo Cura de Ars’. Es que nada más, la manera cómo llegó esa reliquia acá ya expresa un misterio que es propio de lo que viene de Dios. Hay una frase del libro de Proverbios 16:9, muy linda, que indica que los hombres hacemos planes, pero Dios los perfecciona.

¿Quién fue Juan de Vianney Cura de Ars?

San Juan María Vianney, conocido como el Santo Cura de Ars, nació el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, Francia, en una familia campesina pobre pero profundamente católica. A sus 25 años ingresó al seminario de Verrières, pero su camino al sacerdocio estuvo marcado por dificultades académicas, especialmente con el latín. Gracias a su perseverancia, fue ordenado sacerdote el 13 de agosto de 1815 en Grenoble. En 1818 fue enviado a Ars. Su entrega pastoral allí atrajo a numerosos peregrinos que buscaban su confesión. Se cuenta que pasaba hasta 18 horas escuchando confesiones. Además, se preocupó por las personas más vulnerables y promovió la educación de niñas necesitadas mediante la institución La Providence. Su vida también estuvo rodeada de relatos sobre sus “luchas” con el diablo –al que llamaba Grappin– en la que incluso este habría incendiado su cama. San Juan María Vianney murió el 4 de agosto de 1859 a los 73 años y fue canonizado en 1925. Luego fue proclamado patrono de todos los párrocos del mundo en 1929.

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