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Expansión y óptimo nivel de vida desataron construcción de urbanizaciones y la llegada de foráneos. Expertos hablan de la pérdida de identidad.
No hay rincón de Colombia en que se desconozca la pujanza y prosperidad de Envigado. También se habla de sus mitos y realidades sociales, y aunque el municipio del sur del Valle de Aburrá sigue siendo modelo de desarrollo, su crecimiento urbano es considerado como desmedido y peligroso.
Que no hay tugurios. Que es difícil ver un habitante de calle. Que hay equipamientos en salud y espacio público suficientes para dignificar a sus habitantes. Que el nivel de vida es tan alto como envidiable son atributos que hacen de este territorio de 78,21 kilómetros cuadrados (entre rural y urbano), ser el lugar soñado por muchos colombianos.
Algo hay de cierto en esa percepción, pero para Sergio Restrepo, líder cultural de Envigado, también son muchas las carencias y los males que ha traído, en los últimos 20 años, la transformación de su municipio.
“Envigado no ha dejado de crecer pero su desarrollo es estático. El suelo lo seguimos sobre explotando en dinámicas inmobiliarias. El concepto de crecimiento...