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“¿Quién tiene interés en hacerle daño a Comfama?”: David Escobar

En medio de una campaña de ataques en redes que ya sumó 140 publicaciones en un mes, el director de la caja de compensación más grande de Antioquia explica en detalle lo que han logrado y cómo los ingresos de $3 billones en 2026 podrían estar en la mira de políticos.

  • David Escobar Arango es ingeniero de Producción de EAFIT y magíster en Administración Pública de Harvard. Actualmente es presidente de Comfama desde donde impulsa la cultura, el arte y la educación como motores de transformación social. Foto: EL COLOMBIANO.
    David Escobar Arango es ingeniero de Producción de EAFIT y magíster en Administración Pública de Harvard. Actualmente es presidente de Comfama desde donde impulsa la cultura, el arte y la educación como motores de transformación social. Foto: EL COLOMBIANO.
Luz María Sierra

Directora de EL COLOMBIANO.

hace 2 horas
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En 1954, cuando Colombia sufría la Violencia, un puñado de sindicalistas y empresarios se sentaron a conversar en Medellín. Y de esa charla entre la Unión de Trabajadores de Colombia y la ANDI, liderada por José Gutiérrez Gómez, nació Comfama, la primera caja de compensación familiar del país. Le daba subsidios a las mujeres trabajadoras por cada hijo.

Tres años después, la Junta Militar convirtió en obligación nacional lo que los antioqueños ya habían inventado por convicción, y el modelo se replicó en cada rincón de Colombia. Setenta y dos años después, Comfama le brinda servicios a 4,7 millones de personas, entre subsidios, salud, educación, vivienda y cultura, gracias a ingresos de tres billones y medio de pesos en 2026.

En los últimos treinta días, sin embargo, cuentas anónimas en redes sociales han publicado ciento cuarenta piezas, con pauta pagada, cuestionando el manejo de esos recursos y a su director, David Escobar.

El ataque ha sido liderado por el concejal Andrés Rodríguez, conocido como “El Gury” o “El Bate”, quien además interpuso dos tutelas —ambas negadas por los jueces— exigiendo información que Comfama considera confidencial.

El Consejo Directivo de la entidad respaldó a Escobar y anunció una denuncia penal frente a lo que considera una campaña de difamación.

Para quienes no saben qué es exactamente Comfama por qué no les cuenta la historia...

“Parte de un movimiento social global que arrancó en el siglo diecinueve, en Europa, con la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, que impulsó la seguridad social en Alemania y en Francia.

Aquí, la Andi y los sindicalistas de Antioquia implantaron el modelo en Medellín: empezaron a conversar a mediados de los años cuarenta y en 1954, hace setenta y dos años, crearon una caja de compensación con un modelo solidario donde las empresas ponen dinero, recursos y voluntad para el progreso de los trabajadores. Pocos años después el gobierno lo volvió ley nacional, y hoy hay cuarenta y dos cajas en el país; Comfama es la más grande de Antioquia.”

Si uno de esos fundadores entrara hoy a una sede de Comfama, ¿qué cree que pensaría?

“Creo que alguien como don Guti, de la Andi, o Antonio Díaz, el líder sindicalista, sentiría asombro: las primeras actas de constitución decían que esta empresa se podía manejar con una persona medio tiempo desde un escritorio prestado, y hoy verían cientos de sedes, colegios y centros de salud. Pero encontrarían la esencia intacta, porque los estatutos de 1954 ya decían que patronos y trabajadores trabajarían juntos por la movilidad social y la construcción de la clase media.”

He visto a los llamados libertarios diciendo que no se necesitan ni gremios, ni cámaras de comercio, ni cajas de compensación. ¿Qué les diría usted?

“Hay gente dando un debate serio, y es importante que una sociedad discuta sus instituciones, sus prioridades. Yo soy de los que piensa que uno debe construir a partir de lo que ya existe, y si va a cambiar debe cambiar lo que no funciona, no lo que sí funciona.

Una amiga me decía que le parece raro que, en un país con estas injusticias, alguien diga que necesitamos menos Estado. Puede que necesitemos uno con un presupuesto mejor distribuido, pero eso Estado necesita un montón de instituciones sociales y empresariales que lo hagan funcionar y que le permitan a la sociedad avanzar.

Me llama la atención que hablen del Estado como algo ajeno a la sociedad, como si fuera algo malo, casi como una guerra contra el Estado. La mirada de nosotros es la de la solidaridad, la de la colaboración entre sectores. Nosotros después del terremoto ponemos en nuestras vallas llegó el momento del ‘todos ponemos’”.

A Comfama puede que le pase como a EPM, que muchos la ponen de ejemplo como empresa pública bien manejada...

Tal vez la crítica a las cajas de compensación viene porque algunas han tenido líos...“Las cajas de compensación, cuando las administran sus legítimos dueños —empresarios y trabajadores—, normalmente funcionan bien. Cuando fallan, casi siempre es porque el gobierno las interviene y se las entrega a un grupo político. Ahí sí ocurre el acabose. Comfama nació con el subsidio familiar, la cuota monetaria que hoy le sigue llegando a casi medio millón de personas”.

¿A cuántas personas les entregan subsidios?

“Le prestamos servicios a unos 4,7 millones de personas; la cuota monetaria les llega cada mes a unas 500 mil familias. También entregamos subsidios de desempleo y de vivienda, y subsidiamos servicios como los parques: casi todos tenemos un recuerdo memorable de cuando en el colegio nos decían que al día siguiente íbamos al parque de Copacabana”.

Conocí un proyecto de vivienda de Comfama muy interesante en Urabá.

“Estas cajas existen para la movilidad social. Tenemos un ecosistema que empieza por la salud: subsidio, tarifas especiales, salud preventiva, familiar y mental.

Desde 1990 tenemos una alianza con Sura que nos vuelve la red más grande de Antioquia en salud primaria, con 52 centros. Al lado está la recreación y la cultura, donde las desigualdades se ven más duras porque no le llegan a la gente con menos ingresos: nuestro programa cultural llega a ocho millones de personas al año, y el de parques y turismo, a tres millones.

Después está la educación, de la cuna a la tumba: los jardines atienden a casi diez mil niños, y tenemos los Cosmos, fundados en 2020, que ya tienen más de seis mil niños en 11 colegios con un enfoque en cuerpo, curiosidad, arte y tecnología.

Luego viene la educación técnica, uno de los escalones rotos de la movilidad social: sin ingresos ni acceso a becas, la universidad se vuelve un imposible, pero una técnica laboral de año y medio abre la puerta al trabajo. Además tenemos 500 mil estudiantes de educación continua, desde baile hasta robótica”.

Eso suena casi a un Estado paralelo: vivienda, salud, educación, subsidios, cultura. ¿Es eso lo que genera malestar en algunos?

“El año pasado hicimos un estudio con el Instituto de Ciencia Política: nueve de cada diez trabajadores dijeron que valoraban muchísimo el aporte de sus empresas a las cajas. Yo no lo veo como un Estado paralelo, sino como un programa que el Estado regula y vigila.

La población a la que llegamos no es la misma a la que llega el Estado: cuando una familia cruza la línea de la pobreza en Colombia, el Estado da por hecho su trabajo. Nosotros trabajamos con los que están saliendo de la vulnerabilidad.

El año pasado dimos prácticamente todos los subsidios de vivienda que se otorgaron en Colombia, con plata de las empresas, no del Estado”.

Porque el gobierno anterior había parado ese subsidio.

“Seis de cada diez subsidios de vivienda del país los entregaron las cajas, con la plata que las empresas aportan a la Seguridad Social. Es una prestación social de los trabajadores, como las vacaciones o las cesantías, protegida por la Constitución”.

¿Han hecho alguna evaluación de si las cajas de compensación llegan a ser más eficientes que el Estado invirtiendo esos recursos?

“No tengo una evaluación formal, pero combinamos la vocación social de las buenas fundaciones con el rigor empresarial de las grandes empresas.

Por eso, cuando un alcalde o un gobernador tiene un programa de vivienda o de lucha contra el hambre, nos llama a nosotros: operamos la biblioteca y el teatro de Envigado, los jardines infantiles de Medellín, y Arrullos, el programa contra el hambre más importante de Antioquia, liderado por la Gobernación, junto con Comfenalco”.

Es decir, ustedes son como unos aliados con plata.

“Exacto. Uno de los programas que más me gusta es el de mejoramiento de vivienda: Antioquia tiene un déficit cualitativo tan grande como el cuantitativo —casas sin cocina, sin baño, sin techo—, y no se trata de construir un edificio, sino de arreglar casa por casa en un pueblo entero. Con la Gobernación y fundaciones, este año estamos mejorando más de 3.500 viviendas”.

¿A quién le rinden cuentas ustedes? Manejan recursos importantísimos, pero no se someten a votación popular como quien maneja recursos públicos.

“La primera vigilancia es la de sus dueños legítimos: el consejo directivo tiene cinco empresarios y cinco trabajadores, organizados en comités, y ellos mismos eligen al auditor interno, sin que yo intervenga.

La Asamblea General, con las 130 mil empresas afiliadas, escoge además una revisoría fiscal independiente. La Superintendencia del Subsidio Familiar nos visita todos los años, y en mis diez años al frente prácticamente todos los informes han sido positivos, sin ninguna queja de corrupción. También nos vigila la Contraloría y como institución de salud, la Supersalud. Cada peso viene con un destino específico, regulado desde los años ochenta”.

A propósito de vigilancia: en estos días ha habido una especie de campaña en redes en contra de Comfama y, en particular, en contra suya, liderada por el concejal Andrés Rodríguez. ¿Qué le responde?

“Uno tiene que estar abierto a recibir críticas; liderar implica eso. Pero hay algo distinto, que son las acusaciones, y algo peor, que son las difamaciones. Algunas personas se han dedicado a publicar difamaciones y tergiversaciones sobre nuestro trabajo, y el consejo directivo —los cinco empresarios y los cinco trabajadores— respaldó a este equipo de más de nueve mil personas entre Comfama y sus filiales. Coincidencialmente aparecieron unas cuentas que yo no llamaría medios de comunicación: llevan 140 publicaciones en treinta días, con pauta publicitaria y gente retuiteando desde Bogotá, Cali y la Costa”.

¿Qué cree que hay detrás de esa campaña?

“La pregunta es quién tiene interés en hacerle daño a la confianza en una institución como esta, que es difícil de desequilibrar porque estamos tranquilos con nuestro trabajo.

No soy capaz de decir quién está invirtiendo plata en esto, pero el sistema de compensación familiar ha estado en una especie de asedio, con grupos políticos tratando de tomarse algunas cajas; las que no funcionan bien son, precisamente, las que terminan en sus manos.

Usan mi nombre, pero yo soy solo el representante de una institución; las aguanto todas porque creo en mi trabajo, pero cuando hay tanto dinero y tanta saña detrás, uno se pregunta quién quiere hacerle daño”.

¿Y la denuncia penal que anunció el consejo directivo es por qué en los ataques hay mentiras?

“Tiene varios frentes. Primero, la defensa firme del gobierno corporativo ante la Superintendencia del Subsidio y el Ministerio del Trabajo, que nos han dicho que confían en el trabajo de Comfama. Segundo, una respuesta jurídica: cuando hay difamación o calumnia con intención de hacer daño, esa respuesta ya empezó, y si tiene que llegar a lo penal, llegará”.

Una de las frases que usan creo es que aquí hay un billón de pesos que se gasta a discreción.

“Tengo el hábito de no repetir lo que dicen otros, porque no se merecen ese eco. Nosotros nos dedicamos a contar el impacto de nuestro trabajo social y el rigor con el que lo hacemos: diez años de trabajo con las empresas, con las familias, con la llegada a 200 espacios en municipios de Antioquia donde antes Comfama nunca había llegado. Nuestro trabajo y los hechos nos defienden”.

¿Cree que hay un interés político de quienes lo atacan, por quedarse con lo que parece ser un apetitoso botín?

“Los trabajadores y las empresas de Antioquia tienen aquí un patrimonio de más de un billón y medio de pesos y unos ingresos de tres billones y medio en un año como 2026. A los empresarios de Antioquia les digo: cuiden esta empresa. A los sindicalistas: defiéndanla. A las organizaciones sociales: acompáñenla”.

Eso es más que el presupuesto de muchas capitales del país.

“Es cierto, y es el presupuesto de una gran empresa social dedicada cien por ciento a la movilidad y el bienestar de las familias de esta región. Por eso hay que cuidarla”.

¿Tiene interés en política electoral?

“Tengo el mejor trabajo del mundo, y lo disfruto como un niño en Disney: mi vida es ver el brillo en los ojos de una familia cuando logra su casa. Estoy feliz en mi trabajo, tengo un compromiso de largo plazo con el consejo de Comfama, y no tengo ningún plan ni interés en ser candidato a nada.

Puede que a algunos les parezca que una organización como esta es un riesgo, pero somos el mejor aliado de cualquier gobernante: hemos trabajado con 17 gobiernos nacionales y con alcaldes y gobernadores de todos los colores. Incluso en el momento más oscuro de Medellín nos pidieron dejar de operar jardines infantiles y dijimos que no, porque no trabajamos para los alcaldes, sino para la gente”.

El concejal Andrés Rodríguez, conocido como “El Gury”, en algún momento se acercó a Comfama a plantear sus discrepancias.

“Ha enviado varios derechos de petición, e incluso tutelas pidiendo información sobre la gestión de Comfama; toda la información financiera y de buen gobierno se la hemos entregado.

Pero también ha pedido información confidencial, porque somos una corporación privada sin ánimo de lucro: salarios con nombres y cédulas de cada empleado, contratos de diez años, o los casos de nuestra línea ética, que deben mantener el anonimato de los denunciantes.

Esa no se la podemos entregar; nos puso dos tutelas, y las perdió las dos. Pero toda la información relevante la entregamos cada año en la Asamblea y está publicada permanentemente en nuestro sitio web, para que cualquiera pueda mirar a Comfama como a través de una caja de cristal.”

Quiero cerrar preguntándole por la expansión de Comfama en el suroeste: el festival, el Cerro Tusa, Bioparque Suroeste.

“Detrás hay una estrategia para llegar a todas las regiones rurales: primero el Oriente, luego Urabá, la subregión con mejor dinámica de desarrollo hoy, y el suroeste; también el Bajo Cauca y el Nordeste.

Cuando entré a trabajar acá, el ministro de Trabajo decía que las cajas nunca iban a llegar a la ruralidad, porque era pobre, informal y violenta; nosotros dijimos que sí, y hoy, si separáramos la Comfama rural de la urbana, la rural sola sería la caja número once de las 42 que hay en Colombia, con medio millón de afiliados”.

Le pregunto en particular por el suroeste porque hay quienes dicen que ahí también Usted ha pisado callos por la mina de Quebradona: la zona está muy polarizada, y usted se ha expresado en contra del proyecto.

“En el suroeste tenemos sedes en Amagá y La Pintada, el parque en Cerro Tusa, el Bioparque Suroeste con Valparaíso y Támesis, y pronto una sede en Andes. Sobre Quebradona, para nosotros el tema ya está saldado: teníamos un proyecto de parque al lado de donde la minera pensaba construir su planta de beneficio.

Hicimos unos estudios de compatibilidad entre los dos proyectos, nos dijeron que no eran compatibles y publicamos esos estudios. Le dijimos a la minera que como estaban funcionando no eran compatibles con el proyecto ecoturístico y vendimos el lote y nos dedicamos a concentrarnos donde sí eran viables los proyectos de nosotros.

Pero Comfama es pro empresa y pro desarrollo regional, y eso incluye trabajar con mineras, como lo hacemos con Mineros S.A. en el Bajo Cauca y el Nordeste. Ahí no había una postura ideológica de nuestra parte, simplemente publicamos la información y nos quedó esa etiqueta. Vivimos en una sociedad que todo lo divide y no quiere ver los matices.

Nosotros somos una organización puente. Ayer le escribí al nuevo presidente de AngloGold para sentarnos a conversar, porque esto no se trata de rabias, sino de que instituciones importantes de una región trabajen juntas con estándares claros”.

¿Para dónde va Comfama de aquí en adelante?

“Uno se pregunta cómo hacer para que esta empresa perdure otros cien años y llegue más lejos.

Lo primero es adaptarnos al cambio demográfico: familias más pequeñas, pero cada vez más ancianos vulnerables sin acceso a pensión y con necesidad de atención. Segundo, más servicios de salud: en Urabá ya tenemos once centros y vamos a abrir una sede junto al puerto y la segunda etapa de nuestra clínica en Apartadó; también sedes en El Retiro, Caucasia y Andes.

En vivienda hemos construido más de 2.000 y entregado más de 25 mil subsidios en diez años, con proyectos en marcha en Copacabana, el Nuevo Occidente, el centro de Medellín y Bello. Y vamos a sacar adelante El Claustro, la obra de infraestructura más grande de esta entidad: un edificio histórico que recibirá 100 mil millones de pesos en cuatro etapas, para ser el centro cultural más importante del centro de Medellín.”

La gente termina dando por sentado lo que tiene; antes, un parque con piscina era lo mejor que le podía pasar a uno de niño en todo el año.

“Tenemos como 80 o 100 piscinas. Alguien dice que las piscinas no hacen falta, y yo digo que la piscina pública es el escenario de la cultura ciudadana: un montón de gente que no se conoce, metida en traje de baño, es el lugar para las buenas maneras y el respeto por la dignidad del otro.

La escritora Leila Guerriero dice que a veces se nos olvida que lo que existe hoy no estuvo siempre. Por eso la invitación es a que empresarios, sindicalistas, familias y organizaciones sociales cuidemos esta empresa. Comfama es parte del alma de Antioquia.”

Usted ha mencionado antes al Hospital San Vicente y a la Sociedad de Mejoras Públicas como parte de un ADN paisa de contribución empresarial. ¿Cree que ese rasgo todavía existe?

“Sin duda. Seguimos esa tradición de instituciones bisagra entre lo público y lo privado. Creo que uno de los rasgos más importantes de la identidad antioqueña es que aquí todos ponemos;. Hemos tenido desafíos, pero es una de nuestras grandes fortalezas, y hay que cuidarla”.

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