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Tendencias | PUBLICADO EL 13 agosto 2022

El cerebro paisa que traería soluciones para el alzhéimer

Doña Aliria, pese a haber heredado el gen que produce la enfermedad, estuvo protegida. Su caso abre puertas.

  • Cerebro en el laboratorio del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.
    Cerebro en el laboratorio del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.
  • Francisco Lopera, neurólogo y Coordinador del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.
    Francisco Lopera, neurólogo y Coordinador del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.
  • Cerebro en el laboratorio del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.
    Cerebro en el laboratorio del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.
  • Francisco Lopera, neurólogo y Coordinador del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.
    Francisco Lopera, neurólogo y Coordinador del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.
LAURA FRANCO SALAZAR

El cerebro de doña Aliria Rosa Piedrahita, una mujer paisa, es hasta la fecha un cerebro único en el mundo. En él están las primeras bases para el desarrollo de un medicamento preventivo o terapéutico para el alzhéimer, una enfermedad que, aunque ha sido estudiada desde hace más de 115 años, no tiene al día de hoy una solución definitiva.

Doña Aliria murió en noviembre de 2019 y dejó una esperanza aún palpitante —casi tres años después— entre los investigadores. Por su historia familiar, se esperaba que ella, quien residió sus últimos años de vida en Medellín —con algunos viajes esporádicos a Boston para realizarse exámenes médicos—, desarrollara alzhéimer a los 44 años y muriera muy cerca de los 60. Sin embargo, presentó los primeros síntomas leves de la enfermedad apenas a los 72 y murió a los 77 por un cáncer.

Debido a lo excepcional de su caso, desde mucho antes de fallecer, doña Aliria ya había autorizado la donación de su cerebro al Neurobanco de la Universidad de Antioquia. Allí está a día de hoy, con algunos fragmentos en Estados Unidos y Alemania, siendo analizado por expertos. Su estudio sigue arrojando pistas: a finales de julio fueron publicados detalles adicionales en la Revista Acta Neuropatológica.

Antioquia: aislado genético

En vida doña Aliria colaboró con el Grupo de Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia —GNA—. De su cerebro quedaron una veintena de imágenes hechas con resonancia magnética y unas conclusiones que ya causaban ilusión entre los científicos: aunque tenía la “mutación paisa del alzhéimer” (razón por la que se esperaba que desarrollara la patología a edad temprana, como muchos de sus familiares), no tenía signos evidentes de deterioro cerebral: aunque tenía amiloide (proteína que se acumula en las paredes de las arterias cerebrales), tenía muy poco tau (formación de ovillos neurofibrilares), que son las dos afecciones que aparecen inicialmente como signo de la enfermedad.

Francisco Lopera, neurólogo y Coordinador del GNA. <b> </b>FOTO<b> Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.</b>
Francisco Lopera, neurólogo y Coordinador del GNA. FOTO Dirección de Comunicaciones U. de A. / Alejandra Uribe F.

Algo estaba interrumpiendo el proceso habitual degenerativo: doña Alicia portaba —no se conoce de nadie más en el mundo— además de la mutación paisa, una mutación genética conocida como APOE3 Christchurch que la protegió de lo que, se creía, debía ser su destino.

Los Piedrahita son una de las 25 familias antioqueñas —ellos la más grande del mundo con alzhéimer genético de inicio temprano—, que el GNA ha identificado como portadoras de una mutación paisa o PSEN1 E280A, descubierta en 1995 en el departamento. Tal mutación ha sido registrada, hasta ahora, solo en individuos nacidos en Antioquia. “Se han reportado familias en otros lugares del mundo, pero siguen siendo familias paisas que se fueron a vivir a Australia, España, Estados Unidos”, cuenta Francisco Lopera, coordinador del GNA.

No obstante a ser tan “exclusiva” y no haber logrado sobrepasar las montañas antioqueñas, la mutación habría sido traída por un europeo hace más de 450 años, desencadenando un fenómeno llamado Efecto Fundador. “El individuo parece que se instaló acá y, en vista de que Antioquia fue un departamento aislado, fue un aislado genéticamente por muchos años. Poca gente entraba y poca gente salía”, complementa Lopera.

Lo que muestra su cerebro

En la revista Nature (2019) ya habían sido publicados los hallazgos obtenidos gracias a doña Aliria cuando aún estaba con vida. Lo que reportan ahora los científicos en la revista de Acta Neuropatológica (2022) es que efectivamente la mujer tenía características patológicas de la enfermedad de alzhéimer en su cerebro, sin embargo, había regiones cerebrales clave como la corteza frontal —importante para el juicio y las funciones ejecutivas— el hipocampo y la corteza entorrinal —importantes para el aprendizaje y la memoria— que permanecieron protegidas, específicamente contra la patología tau.

La corteza occipital, que controla sobre todo la percepción visual, fue la única que presentó rasgos típicos de la “enfermedad del olvido”: inflamación crónica de las células cerebrales microglía (que participan en la respuesta inmune).

Un caso para la humanidad

La mayoría de las investigaciones empeñadas en encontrar una salida segura para el alzhéimer han fracasado, entre otras cosas, porque los estudios con modelos animales no suelen representar a cabalidad las características humanas; por lo complejo que es superar la barrera hematoencefálica que protege al cerebro; y por lo poco que sigue sabiéndose de la enfermedad.

Rara vez nos llevamos sorpresas agradables al estudiar los cerebros de la enfermedad de alzhéimer familiar”, señala en el comunicado de la Universidad de Antioquia, Diego Sepúlveda-Falla, del Centro Médico Universitario de Hamburg-Eppendorf en Hamburgo (Alemania). “Este caso mostró un fenotipo protegido sorprendentemente claro. Por eso estoy seguro de que nuestros hallazgos sugerirán, al menos, algunas vías de investigación y suscitarán la esperanza de un tratamiento exitoso contra este trastorno”.

Un solo caso, único en el mundo, está abriendo una ruta para la prevención o la cura de esta patología. Se trata de un “experimento diseñado por la misma naturaleza”, añade Lopera: “Se tiene un gen del alzhéimer y un gen que cura el alzhéimer o, por lo menos, lo retrasa”.

La tarea está en comprender e imitar aquello que ocurrió de manera natural. De ahí que la terapia génica empiece a tomar fuerza como posible solución: la información protectora de Aliria puede inocularse en el organismo de personas con alto riesgo de sufrir alzhéimer o, incluso, pueden desarrollarse medicamentos que tengan acción sobre los tejidos, imitando la forma en que estuvo protegido su cerebro.

El alzhéimer genético no es el tipo más común, representa del 1 al 2 % de todos los casos registrados, pero tiene una ventaja para las investigaciones: cuando se trabaja con él no hay duda de que se trata de alzhéimer, pues otras patologías neurodegenerativas suelen tener síntomas similares. Además, con el esporádico, que es el más común, no es posible predecir quién lo sufrirá, “de ahí que estas 25 familias sean tan importantes”, puntualiza Lopera.

El genético, para el que estaba predestinada doña Aliria, sigue siendo una puerta de entrada a las demás formas de la enfermedad y sus posibles terapias.

1980
es el año en el que comenzó el profesor Francisco Lopera el estudio del alzheimer.

Contexto de la Noticia

Paréntesis LA BÚSQUEDA DE LAS FAMILIAS

Desde 1980 el profesor Francisco Lopera emprendió el estudio del alzheimer de tipo hereditario. Para esa época, siendo residente de Neurología, recibió a un paciente de 47 años, proveniente de Belmira (Antioquia), con un tipo de demencia que implicaba la pérdida de la memoria. De ese caso le llamó la atención que, primero, era una persona muy joven (este tipo de patologías suelen aparecer alrededor de los 65 años) y, segundo, que padre, abuelo y tíos del hombre también habían sufrido la misma enfermedad. “Me fui para Belmira a averiguar sus historias, reconstruí la genealogía y en 1986 publicamos el primer artículo en Acta Médica Colombiana”, narra Lopera, quien desde entonces ha trabajado junto con su equipo del GNA y en compañía de investigadores internacionales. Gracias a su trabajo han sido registradas, hasta la fecha, 25 familias con esta alteración genética (en municipios como Yarumal, Angostura, Belmira, San José de la Montaña, etc) que se traducen en 6.000 herederos, de los cuales cerca de 1.200 están vivos y portan la mutación.

Laura Franco Salazar

Periodista convencida de la función social de su profesión, de la importancia del apoyo mutuo, la educación y el arte.

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