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La tradición de quemar lo negativo a la media noche del 31 de diciembre revivió en un muñeco tamaño personal.
Seguramente recuerda que hace unos años el 31 de diciembre a las 12:00 de la noche era tradición quemar, en la esquina de la cuadra, el año viejo. La ropa usada de cualquier vecino daba forma a aquel muñeco relleno de periódico, aserrín y pólvora.
Entre lágrimas y euforia, niños, jóvenes y adultos le hacían corrillo a ese personaje que casi siempre tenía una botella de licor al lado. Las penas y las tristezas del año que se despedía, representadas en él, se incineraban y olvidaban, como quien dice: borrón y cuenta nueva.
Las costumbres han cambiado y la cultura de la No pólvora se hace cada vez más fuerte. Ahora las personas son más conscientes y responsables, evolucionando a una nueva tendencia, los muñecos de año viejo en miniatura.
La quema individual del 31, según la psicóloga Nadia Moratto, es una acción simbólica con la que la gente busca poner punto final a los eventos y actividades negativas. “Es una práctica con varios significados. El primero es más bien espiritual o religioso,...