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Champaña, cava o vino espumoso. El secreto está en el gas carbónico que hace a estas bebidas ideales para celebrar. Un repaso a la historia.
Xavier Gramona, bodeguero de la quinta generación de la familia Gramona, productora de vinos en España, explica que están los vinos tranquilos como los tintos y los blancos; los vinos dulces, los que llevan azúcar natural; y también, los vinos espumosos que son los que contienen gas carbónico, es decir, las características burbujas.
Hay que recordar que el proceso de elaboración de un vino inicia con el prensado de la uva para producir el mosto, que luego se deposita en barricas de madera o de acero, para fermentarlo y convertirlo en esta bebida.
Durante este proceso, las levaduras, — esos microorganismos que viven en la uva—, se comen el azúcar que hay en la pulpa y la convierten en vino. En el momento de la transformación, se produce alcohol y dióxido de carbónico. Cuando se hace un vino tranquilo blanco o tinto, este último se deja escapar. Otro caso sucede en el caso de la champaña o el vino espumoso, que nacieron hace 300 años por accidente.
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