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Silenciosos habitantes del Centro

No son de carne y hueso, pero las esculturas también son testigos de la historia de Medellín.

  • Francisco Antonio Zea fue presidente del Congreso de Angostura en 1819. FOTO Yonatan Rodríguez
    Francisco Antonio Zea fue presidente del Congreso de Angostura en 1819. FOTO Yonatan Rodríguez
  • Diego Alejandro ‏DiegoSilicio Resurrección de Jorge Marín Vieco, en Campos de Paz.
    Diego Alejandro ‏DiegoSilicio Resurrección de Jorge Marín Vieco, en Campos de Paz.
  • Francisca Tobón @fratozatz Esta estuvo durante años en el Jardín Botanico. Ahora está en el Pueblito Paisa.

    Francisca Tobón @fratozatz

    Esta estuvo durante años en el Jardín Botanico. Ahora está en el Pueblito Paisa.

  • Daftplop @edudinik Esta, en el museo El Castillo, me parece hermosa, un regalo del Don Diego a su hija Isolda.

    Daftplop @edudinik

    Esta, en el museo El Castillo, me parece hermosa, un regalo del Don Diego a su hija Isolda.

13 de mayo de 2016
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Rostros que brillan como el bronce, miradas de mármol y puños de concreto, así son las criaturas inmóviles que le dan vida al centro de Medellín y que la Twittercrónica se encontró esta semana en su recorrido por uno de los puntos más transitados de la ciudad. Su presencia, ya sea en forma de estatuas que conmemoran personajes o figuras abstractas que representan valores de la región, son el símbolo de los grandes hitos históricos, artísticos y políticos de Antioquia.

Este recorrido inicia, precisamente, en el monumento a uno de los próceres más importantes del departamento, Francisco Antonio Zea, que en medio de la plazuela que lleva su nombre, sobre la avenida De Greiff, tiene una apariencia deteriorada pese al cuidado con el que fue esculpido en 1952 por el cincel del santarrosano Marco Tobón: grafitis, suciedad y hasta mutilaciones hacen palidecer el recuerdo de Zea, a solo dos calles del Museo de Antioquia

Atravesando el complejo escultórico de la Plaza Botero, se encuentra otro líder en el abandono, en medio de una fuente: el Cacique Nutibara, bravío señor de los katíos, vaciado en bronce por Pedro Nel Gómez en 1954, y que hoy es un cúmulo de polvo y sedimentos.

“Aunque no sea mi escultura favorita, creo que representa un momento histórico importante, pero ya está tan oxidada que la gente cree que está hecha de concreto y en realidad es bronce”, afirma Leonardo Ramírez, politólogo, aficionado a las esculturas y el urbanismo y administrador del grupo en Facebook Medellín Escultural, quien nos acompaña en esta ruta.

Al llegar al Parque de Berrío, tutelado por la lustrosa imagen de Pedro Justo, quien da nombre a este lugar, se encuentran otras piezas como el Rollo de Cerámica, una réplica del arte Quimbaya, y también el Desafío, de Rodrigo Arenas Betancourt, una escultura ecuestre ubicada en una de las esquinas del parque.

Desde este punto, subiendo por Ayacucho, puede verse la Puerta de San Antonio de Ronny Vayda, una estructura de casi 10 metros de alto hecha en acero al carbón que representa “el movimiento, la continuidad, la solidez y la trascendencia”, según reza su placa ubicada en Parque de San Antonio, a sólo unos metros de los pájaros de Fernando Botero: “Estos dos pájaros son el mismo, igualitos, lo que pasa es que a uno le pusieron una bomba en los tiempos de Pablo Escobar y el maestro donó otro igual, pero con la condición de que el pájaro se quedara también, pero así estallado”, comenta Julio César Granados, vendedor de dulces en el parque desde hace 15 años.

Dejando atrás las puertas colosales y los pájaros que guardan la memoria de una época muy dolorosa para Medellín, llegamos al centro administrativo La Alpujarra. En su plazoleta está el tributo que la escultora Olga Inés Arango hizo a los personajes cotidianos del sector: el lotero, la chazera, el lustra botas y el vendedor de prensa, son las figuras que Arango inmortalizó en bronce entre 2002 y 2003.

Alice Mosquera, después de salir de La Alpujarra, donde adelantó varios trámites, se acerca a la chazera y dice: “parece de verdad, tiene todo lo que podría tener una ventera de dulces, y lo que más me gusta es que la haya hecho como una persona de edad, como para mostrar que uno puede salir adelante en cualquier momento de la vida”.

Alice también nos recomienda visitar otra escultura a sólo unos metros de la Alpujarra, en el edificio del Idea, se trata de El Tornamesa, otra obra conceptual de Vayda, pensada para armonizar con la arquitectura de lo que en otro momento fuera la estructura de reparación de locomotoras en la época del Ferrocarril de Antioquia, sus líneas curvas marcan el final del recorrido de esta semana en la Twittercrónica por las esculturas del centro de la ciudad, que más que paisaje se han convertido en piezas que narran la historia de Medellín.

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