La semana pasada, la Oficina en Colombia de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos emitió este trino: “Es necesario que integrantes de las FARC -junto con otros sectores del país- asuman su deber de respetar las ideas diferentes”.
El pasado lunes, el historiador e intelectual Darío Acevedo Carmona, reconocido crítico del proceso de La Habana pero no enemigo de la paz, se despidió de su columna de El Espectador al sentirse objeto de ataques y coacciones desde la página Web de Anncol, afín a las Farc. En una democracia hacen falta voces y argumentos como los del profesor Acevedo, discrepante agudo y firme pero siempre desde la civilidad. Su silenciamiento forzado es muy dañino para un país todavía libre.