No hay duda de que las fachadas de Barbacoas cambiaron de rostro. Pero lo que en el día es luz, la noche da paso al despertar de seres de madriguera y el sector revive su reino de vicio e indigencia por abandono o miseria. Jíbaros y consumidores saltan a la calle e inicia el mercado del basuco, la marihuana, las pepas... La impunidad hace que los expendedores perifoneen sus puchos, como quien vende productos de la canasta familiar. Hace un año fue la gran intervención oficial del sector y vaciaron las “ollas”. La tarea quedó a medias y hoy las ollas vuelven a atraer con sus vapores de droga y muerte.
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