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Un autócrata más que cae

Después de 16 años en el poder en Hungría, el líder autoritario Viktor Orbán sufrió una derrota contundente frente a Peter Magyar, conservador de centroderecha y proeuropeísta.

14 de abril de 2026
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  • Un autócrata más que cae

Lo que acaba de ocurrir en Hungría tras las elecciones del pasado domingo ha sido motivo de alegría y alivio no solo para los húngaros, sino para los millones de ciudadanos del mundo que creen en la democracia.

Después de 16 años en el poder, el líder autoritario Viktor Orbán sufrió una derrota contundente frente a Peter Magyar, conservador de centro derecha y proeuropeísta rotundo.

Con Orbán ya son tres los mandatarios con delirios de dictadores y autócratas que caen en menos de un año y medio. Bashar al-Assad, de Siria, cayó en diciembre de 2024, tras 50 años de régimen familiar; Nicolás Maduro, de Venezuela, en enero de 2026, tras 30 años de gobierno chavista; y ahora Orbán, en Hungría.

Vale aclarar que Maduro y Assad son dictaduras —represión directa, sin competencia electoral real— mientras Orbán era un caso intermedio, al que los politólogos suelen llamar “autocracia electoral”, y que lo convirtió en modelo para otros líderes del mundo.​​​​​​​​​​​​​​​

Llama la atención un patrón común: los tres tenían como sostén a Rusia, y los tres cayeron en un período de 16 meses. Analistas señalan que el debilitamiento de Rusia, tras cuatro años de guerra en Ucrania, ha reducido drásticamente su capacidad de apoyar a sus aliados autoritarios.

En esa mezcla entre democracia formal y dictadura, la “democradura”, Viktor Orbán nunca abolió las elecciones ni encarceló masivamente a opositores como haría una dictadura clásica. Pero ganó repetidamente las elecciones mientras debilitaba el sistema de pesos y contrapesos del Estado y anulaba los controles institucionales.

La mayoría de los ciudadanos húngaros consideraba que estos comicios constituían un momento decisivo para el país, de ahí que acudieron masivamente a las urnas, alcanzando un récord de al menos el 79% de participación. Según los resultados preliminares, el partido de centroderecha Tisza, liderado por Magyiar –abogado de 45 años y exparlamentario— obtuvo 137 escaños, lo que le da una mayoría de dos tercios en el Parlamento de 199 miembros. Frente a esta contundencia, a Orbán no le quedó más que aceptar la derrota de su partido Fidesz.

Algo se intuía ya hace dos años cuando se emitió por YouTube una charla que tuvo Magyar con un influencer húngaro muy serio llamado Partizan. En un país de ocho millones de habitantes, esa entrevista de 100 minutos alcanzó en dos días los tres millones de visualizaciones. Algunos opinan que eso no fue simplemente viral, sino más bien una especie de plebiscito.

El primer ministro Viktor Orbán se había convertido en la piedra en el zapato de la Unión Europea. A lo largo de los años en los que ostentó el poder no solo fue acusado de violar las reglas del estado de derecho en su país, sino que su cercanía al presidente ruso, Vladímir Putin, y al estadounidense, Donald Trump, se habían convertido en un problema recurrente para la Unión Europea y sus dirigentes en Bruselas, donde bloqueaba con frecuencia las iniciativas contra Rusia.

Uno de los casos más complicados fue su negativa a que la UE le concediera un préstamo de 90 mil millones de euros a Ucrania. Los líderes europeos habían acordado hacer el préstamo a finales de 2025, y Hungría permitió que el plan se aprobara. Pero Orbán y su partido cogieron por sorpresa a Bruselas al detener el préstamo en febrero, citando la lentitud de Ucrania en la reparación de un oleoducto que atraviesa territorio ucraniano antes de entregar combustible ruso a Hungría y Eslovaquia.

Para agravar el asunto, Fidesz, el partido de Orban, está siendo investigado por filtraciones a Rusia. Medios de comunicación europeos informaron que miembros del gobierno húngaro habían estado compartiendo información de las reuniones de la Unión Europea con el Kremlin. Por todo esto se entiende que Ursula von der Leyen, presidenta del brazo ejecutivo de la Unión Europea, dijera con expresión de felicidad que la noche del domingo fue excepcional porque “Con este resultado, nuestra unión será más fuerte”.

Lo dejó muy claro Peter Magyar en sus primeras palabras. Aseguró que Hungría será un socio productivo para Europa, y que no interferirá en los asuntos internos de ningún país. Su discurso en Budapest ante miles de seguidores estuvo cargado de esperanza y también de críticas a Orbán: “El régimen de Viktor Orbán ha terminado. Nuestra patria forma parte de Occidente, nuestra patria forma parte de la comunidad europea, nuestro país hace parte de la OTAN. Juntos, hemos liberado Hungría y hemos recuperado nuestro país”. .

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