Pico y Placa Medellín
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Sobre cualquier campeonato del más alto nivel y retribución, los Juegos Olímpicos, que hoy se inauguran en Brasil, entrañan los más altos ideales y honores atléticos. Su oro: ética y sacrificio.
Los Juegos Olímpicos están atravesados por historias tremendas de superación, constancia y resistencia que llenan páginas de gloria y valor humanos. Esas competencias representan no solo un patrimonio deportivo del planeta sino un capital invaluable de integración y respeto entre pueblos y culturas.
Sus jornadas y escenarios han sido el marco en el cual quedaron para la posteridad luchas contra la discriminación racial, la opresión política y militar, el hambre, la desigualdad de género, y para vencer las aparentes limitaciones de algunos atletas que sorprendieron a la audiencia por su coraje, su determinación y su capacidad de ir más allá.
En la galería de sus imágenes están las medallas que alcanzó, en 1936, el afroamericano Jesse Owens en una Alemania que ya se dejaba perturbar por los odios raciales de Adolfo Hitler y el nacionalsocialismo. O las zancadas casi tambaleantes del corredor etíope Abebe Bikila, que ganó en Roma (1960) y en Tokio (1964) las maratones de las justas, la última...