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La vaca para las 4G

Antioquia no está pidiendo privilegios, simplemente que se concluyan las obras y que se le dé la oportunidad al progreso de toda Colombia.

14 de marzo de 2024
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Lo que está ocurriendo con las vías de cuarta generación –o 4G como las conocemos– retrata un rasgo del carácter del paisa y es esa especie de rasquiña que nos invade cuando vemos una gran obra sin terminar. Así ha ocurrido a lo largo de la historia. Cuando los arrieros y/o ingenieros legendarios se encontraban con las breñas más ariscas de las montañas, no se echaban a dormir, sino que le buscaban el ladito, para remontarlas o atravesarlas.

Pero ahora, hay que reconocer, el desafío está más cuesta arriba. El presidente Gustavo Petro se niega a destinar recursos para terminar unas vías que ya llevan construido más del 90% con el argumento peregrino de que son vías “para los ricos”. Como si los ‘pobres’ no se desplazaran por tierra. O como si los ‘pobres’, que cosechan el campo, no se beneficiaran de unas vías mejores y más rápidas para sacar sus productos a más mercados y poder crecer. O como si los ‘pobres’ no se beneficiaran de los empleos que se crean cuando las empresas son más eficientes y productivas. ¿Con qué se curará esa miopía?

Las 4G desde cuando fueron ideadas por la dirigencia antioqueña con el nombre de Autopistas de la Montaña se han convertido en la más ambiciosa obra de infraestructura del país. Son 1.370 kilómetros de dobles calzadas, 141 túneles y 1.300 viaductos o puentes. ¡141 túneles! Se trata de un antes y un después en la historia de la ingeniería en Colombia.

Los beneficios de estas vías son enormes: conectan al centro del país con un nuevo puerto en Urabá; así como al puerto de Buenaventura en el Pacífico, con el puerto en el Atlántico. Si Gustavo Petro quiere de verdad conectar los dos océanos, construir una suerte de canal de Panamá seco, tiene aquí una primera solución.

Pero no es solo eso. Las 4G que pasan por Antioquia –y que se construyen en Antioquia–, van a disminuir en 30% los tiempos de desplazamiento entre centros productivos de todo el país y los puertos; y permitirán ahorros de 20% en los costos de importación y exportación, un beneficio enorme para los indicadores de comercio exterior del país.

Y supongamos que estas vías le sirvieran solo a Antioquia –lo cual ya hemos dicho no es cierto–, de todas maneras terminarlas tendría un impacto multiplicador sobre las finanzas de todo el país porque como bien se sabe, Antioquia es, después de Bogotá, la que más aporta al Producto Interno Bruto (PIB) con el 14,5% y es la segunda también a la hora de aportar en impuestos, con una particularidad y es que a pesar de tener solo el 13% de la población del país aporta el 24% de los impuestos.

No podemos dejar de mencionar otro beneficio de las 4G que le pega directo al corazón del discurso del presidente Petro, y es que una vez terminadas estas vías reducirán de tal manera la emisión de dióxido de carbono que generarán ganancias ambientales de $15 billones.

¿Qué más razones se pueden necesitar para terminarlas? Si Petro deja sin finalizar estos proyectos de infraestructura vial no está perjudicando a Antioquia, está perjudicando a todo el país y, sobre todo, a los más vulnerables que necesitan una Colombia más competitiva que les abra la ruta del progreso.

Estos remiendos que faltan han desafiado el espíritu emprendedor paisa y han provocado una curiosa lluvia de propuestas para ver cómo podemos salir de esta encrucijada. La propuesta más taquillera ha sido la del expresidente Álvaro Uribe, quien convocó a un millón de antioqueños para que, en la medida de sus posibilidades, donen un millón de pesos cada uno para completar un billón que ayudaría a terminar los proyectos a los que les faltan 3,4 billones de pesos.

Pero no es la única. El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón le pidió al ministro de Transporte, William Camargo, que si la Nación no va a meterse la mano al bolsillo que por favor le cedan al departamento tres proyectos que están en manos del Invías para terminarlos en Antioquia: el túnel del Toyo, la Autopista Medellín-Bogotá y la Ruta Nacional 25 al Bajo Cauca.

Asimismo, antes de terminar su gobernación, Aníbal Gaviria ya le había insistido al gobierno Petro otras salidas, como por ejemplo que le entregaran esos proyectos a Antioquia y le permitiera cobrar valorización.

El gobierno Petro ha estado cerrado a la banda: el ministro respondió al gobernador que no cuente con eso, que la Nación no entrega los proyectos. Y el presidente Petro lo único que ha hecho es decir que no va a dar plata y que si de pronto, repitiendo la idea del exgobernador Gaviria, habla de cobrar valorización, pero sin concretarla.

Como quien dice –o como dijo el gobernador Rendón– el Gobierno ni raja ni presta el hacha.

En cuanto a la propuesta de Uribe, muchos ciudadanos se mostraron dispuestos a aportar a la vaca del millón de pesos, pero no es claro aún cuál mecanismo se podría utilizar y si se hace indispensable que el gobierno Petro entregue los proyectos para poder financiarlos.

De manera que cuando el presidente Petro o alguno de sus ministros dicen que se le ha dado mucha plata a Antioquia, hay que decirles con todo respeto que no es cierto, que en realidad estas son obras que le sirven a todo el país.

Antioquia no está pidiendo privilegios, simplemente que se concluyan las obras y que se le dé la oportunidad al progreso de toda Colombia.

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