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En defensa del Jardín Botánico

Invaluable es el servicio que presta la institución, segunda por su importancia científica en el país, en la conservación, mantenimiento y expansión de la flora, la fauna y los espacios verdes en la ciudad.

17 de febrero de 2021
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Infográfico
En defensa del Jardín Botánico

No puede el alcalde Daniel Quintero, en nombre de una contratación cuestionada con Metroparques, asfixiar económicamente al Jardín Botánico de Medellín Joaquín Antonio Uribe, patrimonio de la ciudad, segundo más importante del país, después de su similar de Bogotá; 1200 especies inventariadas, la gran mayoría de ellas únicas en los registros mundiales, y medio siglo de trabajo científico al servicio de la ciudad, el Aburrá, Antioquia, el país y el mundo.

Lo más paradójico de la decisión de Quintero de cortar de tajo parte sustancial de la contratación del municipio con el Jardín Botánico, es que la misma va en contravía de la filosofía y estructura de su Plan de Desarrollo Medellín Futuro 2020-2023, de hacer de la capital antioqueña una ecociudad, un espacio para todas las formas de vida, defensa de la naturaleza, el esparcimiento ciudadano y la construcción de ciudadanía, estrategias en las que este espacio debería ser parte integral por su amplia especialidad en este campo.

Una entidad privada como el Jardín Botánico, sin ánimo de lucro, que si bien genera excedentes, todos los invierte en nuevos conocimientos científicos para la ciudad y formación de ciudadanos comprometidos con el medio ambiente, no puede servir a ningún apetito burocrático. Pretender asfixiarlo es todo un despropósito.

El problema no es el Jardín Botánico, ni EPM, ni Ruta N, ni la U. de A., es el manejo amañado que el alcalde pretende hacer de los mismos.

Válido que la ciudad tenga entre sus metas la creación de nuevos parques, con gran impacto urbanístico y ambiental y apueste por más espacio público en una metrópoli con enorme déficit del mismo, pero que no se pretenda ejecutarlos contra lo ya construido, con grandes esfuerzos y sacrificios públicos y privados.

Como a muchas otras instituciones, el impacto de la pandemia también afectó, de manera grave, al Jardín Botánico, al perder su público y verse obligado a cesar muchas de sus actividades culturales, académicas, científicas y sociales que allí se realizaban con importantes ingresos. Estas volverán a recuperarse una vez se supere el virus, pero lo que no puede es remar contra estrategias, que garantizan la contratación interadministrativa, con contratos a dedo.

La principal fuente de ingresos del Jardín Botánico correspondía a su contratación con la Alcaldía de Medellín (65 %). Para 2019 esta sumó $19.000 millones. En enero de 2020, con la nueva administración, se redujo a $12.000 millones. En mayo bajó $7.000 millones, hecho sustentado por la pandemia, generando un déficit de S2.800 millones al cierre del año, el cual crecerá este 2021 a $4.700 millones, toda vez que la Alcaldía decidió ejecutar, a través de Metroparques, buena parte de los proyectos que realizaba con el Jardín Botánico.

El asunto de ninguna manera puede reducirse a un debate económico. La pregunta es cuánto pierden Medellín y el país con la desaparición del segundo Jardín Botánico más importante de Colombia en conocimiento científico y técnico, información biológica, saberes sobre nuevas especies, recuperación de aquellas en vía de extinción, labor con las comunidades, todos adquiridos en medio siglo de trabajo tenaz y disciplinado.

Seguramente es mucha la gente y las empresa capaces de podar jardines y sembrar árboles, pero hacen falta años y décadas de experiencia y conocimientos para saber la importancia que tienen las diferentes especies arbóreas, su impacto sobre las vías, la contaminación del aire por el tipo de polen que generen, la formación de los jardines, la atracción de nuevos pájaros, mariposas y el tránsito de la biota en la ciudad y el Aburrá.

El Jardín Botánico hace parte del ADN cultural, social y ambiental de Medellín, es uno de nuestros grandes referentes. Hoy necesita el apoyo de toda la comunidad, el Concejo, la empresa pública y privada, la academia, los gremios y las organizaciones no gubernamentales. Bajo ninguna circunstancia pueden permitir que se estrangule hasta su asfixiamiento

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