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Editoriales | PUBLICADO EL 23 octubre 2021

El salto de Caterine

Infográfico
El salto de Caterine

La doble medallista olímpica, Caterine Ibargüen, anunció que se lanza al Senado. De inmediato aparecieron críticas, algunas llenas de lugares comunes y otras con preocupaciones legítimas. Pero hay que decir que, como cualquier otro colombiano, la antioqueña tiene derecho a intentarlo, aún más tratándose de ella, que ha demostrado, como pocos, gran inteligencia y amor por Colombia.

Son muchos los casos, en todo el mundo, de deportistas que deciden probar suerte en la política. Ahora el turno le tocó a la antioqueña Caterine Ibargüen, atleta de talla mundial y una de las figuras del deporte más queridas por los colombianos. La doble medallista olímpica de atletismo acaba de anunciar que será cabeza de lista al Senado por el Partido de la U, grupo político que se declaró de centro, ya no de derecha, y cuya presidenta es la vallecaucana Dilian Francisca Toro.

El día en que Caterine anunció su salto a la política, de inmediato se convirtió en tendencia en las redes sociales. Algunos, respaldando su decisión; otros, en desacuerdo. Hay críticas de toda índole: desde quienes cuestionan porque una deportista no tendría mucho que aportar en el Congreso hasta los que no quieren que se contamine en las pantanosas aguas de la politiquería. Sin embargo, las razones que ha dado la deportista, nacida en el municipio de Apartadó, para incursionar en la política son tan respetables como válidas. Dice que busca ser la voz de muchas personas que nunca son escuchadas. Y que su idea no es solo trabajar por el deporte, que de por sí es una gran tarea, sino también ocuparse de otros problemas, en especial de los de Urabá.

El hecho de que, en el pasado, otros deportistas no hayan brillado como algunos esperaban cuando incursionaron en la política no le resta entusiasmo a su decisión. Sin duda, todos llegan con muy buenas intenciones y por diversas circunstancias no pueden concretarlas. Sería ligero afirmar que los deportistas que se atrevieron a incursionar en el Congreso, como la pesista, y también medallista olímpica de oro, María Isabel Urrutia o el futbolista Willington Ortiz, entre otros, lo hicieron sin pena ni gloria.

La antioqueña Ibargüen tiene, además, condiciones que ya se quisieran otros políticos: una visión universal construida con su trasegar por todo el mundo, la disciplina y el esfuerzo con los que construyó su brillante carrera deportiva y, sobre todo, una personalidad arrolladora que la hace uno de los personajes más querido por los colombianos. Por otro lado, su profesión de enfermera le da dominio sobre temas como la salud y tiene bien puesta la cabeza. A las punzantes preguntas de algunos periodistas, sus repuestas han sido claras y firmes. Ella asegura que cuando tomó la decisión de entrar en la política lo hizo sabiendo lo que significa y lo que le espera.

Muchos la han cuestionado por el partido político con el que busca llegar al Senado, lo que es una alerta importante. Pero, como ella misma lo ha dicho, seguirá siendo la Caterine que ha mostrado criterio y coraje para no dejarse manejar. Claro, no hay que olvidar que la ley de bancadas impone disciplina de partido. Ese es otro cantar. Pero si no llegan nuevas figuras a intentar cambiar la política desde adentro, entonces estaríamos condenando a esos partidos a nunca poder depurarse. No tiene mucho sentido en la estructura del Estado que cada colombiano que aspire a un asiento en el Congreso tenga que montar su propio partido.

No se trata de hacerle propaganda a la ahora candidata política, cada cual debe elegir según sus propias reflexiones, pero sí es esta la oportunidad de destacar el hecho de que más mujeres preparadas quieran incursionar en estas duras faenas del legislativo. Caterine hubiera podido seguir explotando la imagen de atleta que construyó, y seguramente le sería mucho más rentable, pero ya decidió intentar este camino. La participación de mujeres en el Congreso colombiano no alcanza a ser del 20 por ciento. Esto es 10 puntos menos del promedio de la región latinoamericana. Su decisión podría motivar a más mujeres a seguir sus pasos

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