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El efecto Abelardo

No es que los mercados estén a favor de la derecha por principio. Lo que valoran es lo que sería el fin de cuatro años de incertidumbre.

hace 2 horas
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  • El efecto Abelardo

El triunfo de Abelardo de la Espriella en primera vuelta desató una reacción financiera sin precedentes en años para Colombia. Pero el país seguirá suspendido, durante los 18 días que faltan para la segunda vuelta, entre la euforia y el vértigo.

El contraste quedó expuesto desde las primeras horas del lunes. Mientras en la campaña del candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, las caras eran largas —a pesar de haber pasado a segunda vuelta—, los mercados amanecieron de fiesta.

Apenas abrieron las operaciones, el dólar se abarató más de 100 pesos, una caída notable para una sola jornada. El precio de las acciones subió 3,6%, mientras que el índice de la Bolsa registró una valorización de 6,97%, reflejando el fuerte optimismo de los inversionistas. El riesgo país cayó de 220 a 180 puntos básicos y también descendieron las tasas de los títulos de deuda pública.

El júbilo de los resultados llegó incluso hasta Wall Street, donde se disparó el precio de las acciones de Ecopetrol, con 11,2%; Grupo Aval, con 11,7%; y Grupo Cibest (Bancolombia), con 6,9%.

Ecopetrol, esa empresa que durante cuatro años funcionó como barómetro de los experimentos del petrismo, fue el activo más representativo del día: su acción en el mercado estadounidense cerró alrededor de los 16 dólares, niveles que no veía desde antes del gobierno Petro. La razón es simple pero reveladora: el apoyo público de De la Espriella a la exploración y explotación energética —incluida su defensa del fracking— devuelve al mercado una perspectiva que el petrismo se empeñó en clausurar.

El comportamiento de los mercados no tiene explicación distinta que los 10,3 millones de votos que obtuvo Abelardo de la Espriella el domingo, con los que le ganó por 673.000 al candidato de la continuidad, Iván Cepeda. Aunque todavía no está nada escrito y cualquier cosa puede pasar antes del 21 de junio, los mercados están dando por descontado que el candidato que les genera confianza tiene mayores probabilidades de llegar a la Casa de Nariño, mientras el que les genera temor pierde terreno.

No es que los mercados estén a favor de la derecha por principio. Lo que valoran los inversionistas no es tanto un programa de gobierno sino el fin de cuatro años de incertidumbre: decretos de emergencia tumbados por la Corte Constitucional, ataques sistemáticos a la independencia del Banco de la República, una reforma tributaria que ahuyentó capitales, inestabilidad jurídica permanente y una política energética que amenazó con enterrar el sector que más dólares genera al país.

Esta euforia no es excepcional. Se ha repetido en varios países que han virado hacia gobiernos de centro o derecha después de administraciones populistas que dejan a su paso finanzas públicas en ruinas y promesas incumplidas. Detrás de la apuesta de los mercados por De la Espriella está también su fórmula vicepresidencial: José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda de Iván Duque, un hombre que conoce las finanzas públicas desde adentro y que, para los inversionistas, es una señal de que el futuro gobierno entiende el idioma del déficit y la deuda.

Así lo considera Fitch Ratings, que señaló que De la Espriella está mejor posicionado para enfrentar los desafíos macroeconómicos: un déficit fiscal que el año pasado alcanzó el 6,4% del PIB y una deuda que demandará un ajuste de al menos 70 billones de pesos. El contraste con Cepeda es nítido. Mientras De la Espriella propone recortar el gasto, simplificar impuestos, restablecer la regla fiscal e incentivar la explotación de petróleo, gas y fracking, Cepeda anuncia más progresividad tributaria, mayor gasto social, freno a los proyectos extractivos y aceleración de la transición energética. Son dos visiones de país que los colombianos deberán dirimir en segunda vuelta.

Por supuesto, la reacción de los mercados no significa que la elección esté decidida. Tampoco constituye un juicio definitivo sobre ninguno de los candidatos. Analistas advierten, además, que la evolución de los indicadores dependerá también del desarrollo de la campaña y del resultado final.

Pero sí deja una señal difícil de ignorar. Después de cuatro años de petrismo, una parte importante del mundo económico pareció recibir los resultados del domingo como quien ve abrirse una ventana en una habitación que llevaba demasiado tiempo cerrada.

Ese es, por ahora, el efecto Abelardo. .

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