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59% de colombianos votaron en contra del gobierno Petro y para que no siga su proyecto político en manos de Iván Cepeda
Colombia habló. Y lo que dijo es difícil de malinterpretar: sumados los votos de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, más del 50% del electorado colombiano votó por candidatos que plantearon sus campañas contra el gobierno de Gustavo Petro. Es un mensaje político de una contundencia brutal que el petrismo no puede ignorar, aunque sin duda lo intentará.
Eso es lo primero y lo más importante de los resultados de ayer. Antes de hablar de estrategias o de segunda vuelta, hay que nombrar lo que ocurrió: Colombia votó mayoritariamente contra el proyecto político de Gustavo Petro. En esta primera vuelta, incluso si se suman también los votos de los otros candidatos, casi el 59% votó en su contra. No es un dato menor. Es una señal.
Tan contundente fue el mensaje que Petro y Cepeda no tardaron en intentar ponerle un manto de duda. Sacaron el manual de siempre: lanzar insinuaciones sobre el proceso y cuestionar el preconteo, cuando no ganan. Pero Colombia ya aprendió ese libreto de memoria. El país que votó ayer no está dispuesto a dejarse distraer por las maniobras de los malos perdedores.
El segundo resultado sorprendente fue el triunfo de Abelardo sobre Iván Cepeda, a quien prácticamente todas las encuestas daban como ganador, algunas con hasta ocho y diez puntos de ventaja. Solo Atlas Intel, que como hemos dicho aquí ha acertado en elecciones en Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile, los puso en un empate técnico en su última medición.
En las calles se sentía la fuerza que estaba tomando ‘el Tigre’, pero siempre es un termómetro impreciso. Lo cierto es que ese triunfo del candidato de derecha da muchas pistas de cómo podría resolverse la segunda vuelta del próximo 21 de junio.
Empezando por el golpe moral que representa esta derrota para Cepeda, de la cual no es fácil levantarse. Sobre todo si se tiene en cuenta que en todas las encuestas salía de primero y a la hora de demostrar con votos el favoritismo perdió: eso pega duro en el ánimo de cualquier equipo o campaña.
Tal vez eso explica por qué Cepeda y Petro, sin escrúpulo alguno, rompieron la ley de la semana de veda proselitista para hacer campaña en grandes escenarios de la Costa Caribe: es evidente que para entonces ya tenían encuestas internas que les advertían que la campaña iba mal.
Y si nos vamos a las cifras, las comparaciones son despiadadas. Petro en la primera vuelta de 2022 sacó el 40,32% de los votos. Cepeda ayer sacó el 40,91%. Prácticamente lo mismo, cuatro años después, con el aparato del Estado y de la propaganda pública a su favor. Es una derrota sonora.
Las matemáticas además se le ponen cuesta arriba a Cepeda para la segunda vuelta. Tiene que recortar una ventaja de tres puntos porcentuales (43,7% contra 40,9%) sin tener claro de dónde sacarlos: los votos de Paloma Valencia (1,6 millones) y Santiago Botero (200.000) irán en su mayoría a Abelardo de la Espriella, los de Claudia López (225.000) podrían ir a Cepeda, y el millón de votos de Fajardo tiene un destino incierto, con no pocos propensos a la abstención o al voto en blanco.
Cabe recordar que hace cuatro años Petro sacó 40%, Rodolfo Hernández 28% y Federico Gutiérrez 24%. A Hernández le tocaba una remontada más complicada, y todos los votos de Gutiérrez no se le sumaron (sacó el 47% en la segunda) porque la aritmética no funciona si el candidato, como lo hizo Hernández, deja botada la campaña y se va para Miami.
De este análisis emerge el único camino que le quedaría a Iván Cepeda para segunda vuelta: recurrir a los oficios de Armando Benedetti —que no se pueden calificar propiamente como buenos—. El ministro de Gobierno ha estado marginado de la campaña de Cepeda, pero la sin salida en la que se encuentra podría obligarlo a una reconciliación incómoda.
Y ahí se abren dos interrogantes. El primero: ¿estaría Cepeda dispuesto a poner su “revolución ética” en manos de Benedetti, el operador más temido y cuestionado del petrismo? ¿Les daría entrada a lo que Benedetti denominó ‘las torres gemelas’ –en referencia al clan Torres–? ¿Qué diría Iván Velásquez, al que Cepeda ya propuso como su zar anticorrupción?
El segundo es igual de espinoso: ¿qué tan efectivo sería Benedetti hoy? A diferencia de 2022, cuando Petro necesitaba recursos —de ahí las famosas “15.000 millones de razones” que Benedetti reclamó haber recogido en audios que escandalizaron al país—, el problema de Cepeda no es de plata. Ha podido hacer más de 100 tarimazos, el Gobierno le rebajó peajes, condonó intereses del Icetex y prometió devolver multas de tránsito. Petro se le midió a influenciadores como Westcol y hasta hizo una gira exprés por la Costa. ¿Qué más podrían hacer?
Abelardo de la Espriella llega a la segunda vuelta con viento a favor y con una lección demostrada: sabe leer el nuevo ecosistema político y tecnológico, como lo prueba su crecimiento veloz de las últimas semanas. Tres semanas de campaña quedan. Y cualquier cosa puede pasar.
Pero por ahora el mensaje más claro es el que le dio Colombia a Petro: 59% de colombianos votaron en contra de su gobierno y para que no siga su proyecto político en manos de Iván Cepeda.