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Editoriales | PUBLICADO EL 24 enero 2021

Buen Comienzo, ¿perverso final?

Buen Comienzo, ¿perverso final?

De forma soterrada, disfrazada luego bajo proclamas de pretendida transparencia, avanzaba el zarpazo al programa Buen Comienzo, uno de los más exitosos del país. Agendas ocultas se ciernen sobre Medellín.

Infográfico

El Programa Buen Comienzo está concebido como el desarrollo de una política pública del Municipio de Medellín “que brinda educación inicial y promueve el desarrollo integral, diverso, incluyente y autónomo de los niños, las niñas y sus familias durante sus primeros cinco años de vida, mediante diferentes modalidades de atención que responden a las necesidades de las familias”.

Según la página web del Programa, a cargo de la Secretaría de Educación de la Alcaldía, “las familias llegan a Buen Comienzo en la gestación, etapa en la cual se les brinda acompañamiento en salud, nutrición, atención psicosocial y estimulación adecuada”, con “una completa asesoría en pautas de crianza junto a profesionales como nutricionistas, pedagogos, psicólogos, trabajadores sociales y educadores físicos”.

Este programa ha sido reconocido como uno de los más exitosos del país, entendido ese éxito como el aporte verificable y eficaz a unos procesos de crecimiento, nutrición, educación, formación, acompañamiento y asesorías a miles de familias y a decenas de miles de niños en esta ciudad.

El papel del Estado, representado por las autoridades municipales, y las finalidades a su cargo, se aseguraban para esos miles de beneficiarios en la medida en que la ejecución del programa se ha cumplido de la mano de entidades especializadas, con experticia y trayectoria acreditadas durante años e incluso décadas.

Estas entidades (fundaciones, corporaciones sin ánimo de lucro, con objeto social definido exclusivamente para atención a la niñez), según lo han hecho saber, padecen desde el año pasado una incomunicación, inexplicable e inexplicada, con la actual administración municipal de Medellín. De una interlocución permanente para un trabajo conjunto, articulado, eficiente y objeto de permanente auditoría se pasó al cierre de puertas.

En 2020, la administración municipal no publicó en la página del Secop los procesos de contratación para ejecutar Buen Comienzo, según ha señalado la veeduría Todos por Medellín.

Este retraso ha venido a ser empeorado con la revelación subrepticia de que solo podrían ser elegibles como entidades ejecutoras de los programas de Buen Comienzo aquellas que estuvieran inscritas en una plataforma del ICBF, requisito que no existía y que quiere ser impuesto por razones que se sospechan, pero que nunca serán explícitamente aceptadas por la Alcaldía.

Muy en su talante de enturbiar la reputación de instituciones respetadas, el alcalde Daniel Quintero arrojó acusaciones sobre ellas y las sustenta en un anónimo. Dice que los contratos se asignaban “a dedo” y que durante los 10 últimos años no hubo mayores exigencias sobre estándares de calidad. Valdría la pena saber qué opina el actual gobernador y alcalde de Medellín entre 2012 y 2015, Aníbal Gaviria, al que le cae de boca de Quintero Calle otra acusación, adicional a las que ya le hizo el año pasado sobre los problemas de Hidroituango.

El alcalde y su administración deberían explicarle a la opinión pública por qué, entonces, el año pasado contrataron con las entidades que ahora les parecen cuestionables. Por qué en las evaluaciones siempre hay altos puntajes de cumplimiento. Y si entran nuevos operadores, acreditar su trayectoria y especialización, y la autonomía frente a intereses políticos que, como ha pasado en el Programa de Alimentación Escolar (PAE), asoman sus temibles garras de la mano de clanes familiares y tramas clientelares que, al parecer, no generan reticencia en algunos despachos de La Alpujarra

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