Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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No somos una democracia basada en la fortaleza de las convicciones, pero este año que termina mostró como pocas otras veces las formas más confusas e incoherentes del ejercicio político.
Termina otro de nuestros años electorales, en el que el contraste entre las miles de promesas de candidatos a corporaciones públicas y la realidad institucional del país, con la credibilidad de la ciudadanía en sus poderes públicos por el suelo, es uno de los mayores factores de desajuste de esta democracia.
Al Congreso de la República llegaron nuevas fuerzas políticas que, aunque no de forma determinante pero sí con capacidad de generar reflexiones en una sociedad apática, pueden contrarrestar el rodillo gubernamental conformado por una coalición que, como no es extraño a nuestras costumbres políticas, depende más de acuerdos y compromisos burocráticos y presupuestales que de convicciones irrenunciables sobre formas de gobernar.
Bajo la denominación gráfica de “mermelada” se continuó con el mecanismo favorito de nuestros presidentes para asegurar gobernabilidad: ingentes sumas de dinero para parlamentarios afines, para que lo “inviertan en sus regiones”. Que se sepa, no hay noticia de tales...