Un sitio. Restaurante Maru Rico. Espacioso, cerca de doscientos cincuenta comensales pueden atender al tiempo. Platos variados, la típica cocina colombiana con precios adecuados. Porciones muy al estilo paisa, o sea generosas. ¿Platos recomendados? Le pregunté al chico que me atendió. El no dudó en contestar: la sobrebarriga a la llanera. Me mató con ese título. Unieron dos platos en un nombre. Bien, le dije, probemos la sugerencia. Se describen como una comunidad empresarial. Entre diez meseros, siete cocineras, dos hombres en el bar y un cajero sacan adelante la operación, de lo que para mí, es un monstruo de sitio. Una gran bodega con decoraciones de finca, adornan el lugar, que desde 1986, es un símbolo de la cocina tradicional. Luego de quince minutos llegó la sobrebarriga, acompañada con tres arepas, dos papas y una yuca con hogao. La textura de la carne me gustó. Poca sal y un leve tostado la caracterizan. Pedí una degustación de fríjoles y los encontré ricos de sabor, pero algo...