x

Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Partida difícil, victoria inspiradora

22 de octubre de 2016
bookmark

Solemos desconfiar de las películas deportivas como lo hacemos de cualquier historia que pretenda darnos esperanza (tal vez por eso no supimos reconocer la paz cuando la tuvimos al frente) porque de relatos de superación está lleno el reino de las conferencias pagadas y los seminarios empresariales. Hay que escapar a esa prevención inicial, que se acentúa cuando uno ve los logos de Disney y ESPN, para disfrutar de Reina de Katwe, la película que traslada a la pantalla grande, con sensibilidad y ternura, la historia real de Phiona Mutesi, una niña criada en una de las zonas más pobres de Uganda (muy parecida a varios caseríos de Colombia que nos muestran inundados por estos días), que ha llegado a ser en su país la más importante campeona de ajedrez, aquel deporte en que la pieza más humilde puede convertirse en reina si logra superar los obstáculos del tablero.

Tal vez por el hecho de que el ajedrez no es un deporte donde la acción física se robe la atención, Reina de Katwe permite que la historia, en lugar de dedicar planos a la competencia (como pasa en las cintas sobre béisbol o basquetbol), explique mejor a personas que son fundamentales para que un deportista pueda consagrarse: su familia y su entrenador. En el caso de la familia, brilla como Nakku Harriet, la mamá de Phiona, Lupita Nyong’o, echando mano de recursos actorales (la forma de caminar de su personaje, la coquetería intencional en una escena en que consigue dinero para que su hija pueda seguir estudiando partidas de ajedrez por las noches) y gestos que demuestran que su Óscar por 12 años de esclavitud no fue un golpe de suerte.

El otro gran héroe de esta historia es Robert Katende, el ingeniero hecho a pulso, después de superar su propia infancia difícil (contada con una síntesis admirable en un par de escenas), que se compromete tanto con estos muchachos a los que empezó a entrenar porque no había trabajos para él en la corrupta Uganda (¿les suena conocido?) que sacrifica su propia tranquilidad. Un papel que podría haber sido un cliché ambulante, se convierte, gracias al estupendo David Oyelowo, en una de las mayores fuentes de emotividad de la película (atentos a la fábula que les cuenta cuando compiten en un colegio de ricos).

“El ajedrez hace que mi mente sea más afilada”, dice en algún momento Phiona. Pero además de decirlo, Madina Nalwanga, quien debuta en esta cinta, logra expresarlo en su progresiva evolución a lo largo de la cinta, con la valiosa ayuda de la dirección sobria y mesurada de Mira Nair, quien logra narrar el drama sin estridencias sensibleras pero sin ceder a la comodidad. Nada de “matizar” la realidad: ahí están las basuras abrumadoras, los caños de aguas putrefactas, la muerte rondando en cada calle, la corrupción que todo lo daña, la dificultad adicional de nacer mujer en un mundo machista. Y sin embargo, también la esperanza de superar todo aquello, gracias a personas buenas que se ayudaron entre sí. Que se enrocaron para ganar la partida.

Temas recomendados

Nuestros portales

Club intelecto

Club intelecto

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida