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Periodista y editor de textos

Ortografía para todos: ¿Abocar o avocar?

27 de febrero de 2025
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  • Ortografía para todos: ¿Abocar o avocar?

Guillermo Cardona Martínez

Periodista Juan David Villa. En El Colombiano del pasado 8 de febrero, el columnista Rubén Darío Barrientos empleó la palabra avocar de manera equivocada, a mi parecer. Vale la pena, entonces, que usted diferencie tal término de abocar, que considero fue el que debió utilizar. Por su atención, muchísimas gracias.

Don Guillermo, ¡hace tanto tiempo que no me decían periodista! Muchas gracias, de verdad. Bueno, se refiere usted a este fragmento: “Siendo la más joven en la historia del país (30 años), de una vez se vio avocada a enfrentar el desafío de manejar la tensa relación con Estados Unidos, en medio del fuego cruzado de los presidentes”. Entre otras cosas, Rubén Darío Barrientos habla de Laura Sarabia, para contar el chisme completo. Tenemos aquí un fenómeno, un defecto del idioma: la homofonía. Dos palabras diferentes que suenan igual: los verbos abocar y avocar. Recuerden que los grafemas b y v representan el mismo fonema, el sonido bilabial sonoro /b/. Vaca y baca suenan exactamente igual. Hay hablantes, en algunas regiones de España y de América, que usan la pronunciación labiodental para la v (ponen los labios entre los dientes, como si se los fueran a morder), y lo hacen por la naturaleza de sus acentos, no por fingir o por respetar una norma que no existe. Por ejemplo, en algunas zonas de Cataluña por influencia del catalán. ¿Pero de dónde viene la idea de que la v y la b deben sonar diferente?

En latín sí sonaban diferente (bilabial contra labiodental). Entonces, en los años 800, cuando ya la gente hablaba romance o lengua vulgar (un latín que ya no era latín, porque habían pasado tantos siglos desde que llegaron los romanos a la península ibérica), seguramente los hablantes usaban una pronunciación para cada una de estas letras, o grafemas. Pero en la Edad Media esta distinción ya estaba medio perdida y muchos hablantes confundían la b y la v cuando escribían, lo cual demuestra que las estaban pronunciando igual. Si cada una tuviera su propio sonido, pues don Rubén Darío no hubiera escrito avocar en vez de abocar. Por eso digo que es un defecto del idioma. En el siglo XVIII, años 1700, la Real Academia Española, recién nacida entonces, decía en su diccionario que “los españoles no hacemos distinción en la pronunciación de estas dos letras”. No obstante, hasta 1911 les recomendó a los hablantes que pronunciaran la v con el sonido labiodental, en parte porque así lo hacen el inglés y el francés, con acierto, digo yo... Así deberían sonar en español. Pero no. La Ortografía actual, la del 2010, reza: “En resumen, la pronunciación correcta de la letra v en español es idéntica a la de la b, por lo que no existe oralmente ninguna diferencia en nuestro idioma entre palabras como baca y vaca, bello y vello, acerbo y acervo”.

Entonces, dicha la carreta anterior. Abocar significa, entre otras, “desembocar, ir a parar”. Menciono esta acepción porque corresponde a uno de los dos usos que le damos en la vida real; lo de la boca tiene que ver con el acto de verter el contenido de un cántaro en otro juntando las bocas de ambos, pero nadie dice que va a abocar el vino, y nadie usa cántaros. Estoy muy carretudo hoy. Y avocar es, y mejor vuelvo al diccionario, lo siguiente: “Dicho de una autoridad gubernativa o judicial: Atraer a sí la resolución de un asunto o causa cuya decisión correspondería a un órgano inferior”. Como cuando un presidente toma la decisión que le correspondería a un alcalde, algo así. O una corte suprema decide sobre un juzgado... Entonces, la señora canciller Sarabia, no sé si sea canciller todavía, se vio abocada, no avocada. Aquí no aplica la acepción que cité arriba, sino la idea de (otra vez al diccionario) “... hallarse en disposición, peligro o esperanza de algo”.

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