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El Colombiano
No hay un solo tipo de buena actuación. Porque buena actuación puede ser la quietud medida, la intensidad dosificada que le da Andrew Scott a James Stagg, el meteorólogo recomendado por Churchill que llega al comando donde se deciden los movimientos aliados en la Segunda Guerra Mundial. Pero buena actuación también es la preocupación por el gesto justo, por el movimiento y el matiz en la voz que humanice al general Dwight Eisenhower, que es lo que se nota en todo momento que hace Brendan Fraser mientras encarna al hombre que cargaba con el peso de las decisiones últimas. Y buenas actuaciones también serían, tanto la sobre ejecución de mohines y de acento británico, que le pone Damian Lewis a su Mariscal Montgomery, como la sabia sencillez que hace que nunca nos acordemos del nombre de la extraordinaria Kerry Condon, porque siempre parece real, alguien que respira y es carne y hueso frente a nosotros, aunque en este caso claro que Kay Summersby fue la secretaria personal de Eisenhower y seguramente fue tan perspicaz como Condon la encarna.
La buena actuación, entonces, no se manifiesta de forma unívoca ni hay una sola manera correcta de actuar. Pero como permite apreciarlo “Bajo presión”, de Anthony Maras, estrenada el jueves pasado en Colombia, los espectadores la percibimos, como a la brisa, cuando estamos ante una escena sin diálogos rutilantes ni acciones acrobáticas que, sin embargo, sin que tengamos claro por qué, nos emociona. Como lo hace cierta mirada de Fraser cuando Eisenhower recuerda una fallida operación, antecedente de ésta, que es la que le hace tomar en cuenta la opinión de los meteorólogos para darle luz verde al desembarco en Normandía. O como esa conversación, casi anodina, entre Summersby y Stagg, después de que él se entera de que su esposa pudo haber sido víctima de un bombardeo. Son esas escenas bien actuadas, una tras otra, las que permiten sospechar de vez en cuando que la obra de teatro que también escribió sobre estos hechos David Haig, coguionista del filme, fue un insumo mayúsculo.
Pero las buenas actuaciones necesitan de una dirección que las aproveche y en este sentido la batuta de Anthony Maras, que además edita, sabe usarlas con inteligencia y darles los distintos ritmos que necesitan (como ya lo había hecho en “Hotel Mumbai” hace unos años) para que esta trama, que habría podido ser solemne y farragosa, se deslice sin asperezas frente a nosotros y nos dé tiempo de admirar el notable diseño de producción de Daniel Taylor (hace mucho con muy poco) y una fotografía que, con buen tino, se aleja de los azules y los grises que Spielberg ha convencido a medio mundo de usar siempre para las películas sobre la Segunda Guerra Mundial después de “Saving private Ryan”.
Dijo Eisenhower que la ventaja de los aliados es que tuvieron mejores meteorólogos que los nazis. “Bajo presión” demuestra una vez más que una de las grandes ventajas del cine estadounidense y británico es que cuenta con actores extraordinarios, capaces de dar capas de profundidad a cualquier historia.