Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Diego Londoño
@ElFanFatal
Frankie ha muerto es de esos grupos que suenan a Medellín porque cuenta historias que se convierten en el reflejo de sus calles y su realidad; además, porque le canta al oído a una ciudad que, según sus propias canciones, arde de noche.
El grupo se crea en la década de los noventa y, en su propuesta musical —de sonidos divergentes, guitarras afiladas y ritmos fusionados—, pretende exorcizar odios, exclusiones y desesperanzas, y construir sentidos de tolerancia y solidaridad hacia quienes más lo necesitan. En este sentido, la agrupación tiene como lema “no hacer parte de ningún poder y, en cambio, ser solidarios con quienes lo padecen”.
Medellín ha sido su inspiración por más de treinta años, desde aquella época en que el sonido natural de la ciudad eran las balas, las bombas, los rezos a la virgen de los sicarios y los llantos de las víctimas de la violencia. Mientras el fantasma del narcotráfico convertía en polvo la vida y la ciudad se desangraba y jugaba a morirse, seis rockeros crearon, con sensibilidad prodigiosa, un personaje llamado Frankie: uno que simplemente caminaba por ahí y le cantaba a la ciudad para no hacerle más daño. “Medellín, no me regales una oración, dame tu sangre ahora. Pero no regada, ni derramada por tus calles”, dice a todo pulmón en los conciertos Fabio Garrido, vocalista de Frankie ha muerto.
Desde su inicio, la banda salió a bailar en medio del pogo para retar, metafóricamente, a la muerte en la ciudad. Frankie ha muerto le creó una banda sonora a Medellín, y sus letras siguen describiendo hoy la misma ciudad que no ha dejado de arder por las noches.
“Es que yo vi la ciudad arder, yo vi a la gente decir que puedes perder, decir para qué no queremos vivir. Yo vi la ciudad arder, el mago paseador y del televisor, revistas y pancartas en su juego de cartas. Yo vi la ciudad arder, los niños imitar una guerra al jugar, luego salir a robar, asesinar y saquear, yo vi la ciudad arder”.
Según Fabio Garrido, la ciudad empezó a arder el día en que la quisieron convertir en una enorme máquina y a sus ciudadanos en piezas de ese fatal engranaje; el día en que la mafia hizo negocios con los dueños de esta Medellín industrial y desigual, social y económicamente. “Quisiéramos que, cuando cese el incendio, Medellín ya no sea nuevamente atroz”.
Sobre el proceso de composición de la canción Yo vi la ciudad arder, Fabio respondió algo inimaginado, pues la relación vivencial se hace aún más cercana que la compositiva y arreglística:
“La composición lleva encima muchos años de decisiones mafiosas sobre la ciudad, enquistadas en malas administraciones gubernamentales y en un crecimiento desmesurado de la corrupción policial. Lo demás fue solo narrar, en una hoja de papel guardada en un bolsillo del pantalón, lo que venía ocurriendo desde hace décadas, en las que la dinámica de la ciudad se repite cíclicamente y la historia recomienza incansablemente”.
Sobre los resultados de la canción, el grupo no cree que sean peores que lo que narra su letra, ni mucho mejores de lo que debería ser: “Me refiero a que, en muchos casos, lo que ocurre no lo supera una canción; si acaso, plasmamos lo que vemos y sentimos para que no se olvide, porque si la realidad por sí misma no es suficiente para que las personas quieran transformarla, una canción no es más que eso: una canción”.
Fabio Garrido, un personaje que camina la ciudad, que la vive, la conoce y la padece, concluye diciendo que la canción no es producto de “nuestra imaginación, sino que pretende mostrar que lo que parecía una particularidad se ha vuelto una generalidad: la violencia y la maldad sin límites de las políticas de Estado y de todos aquellos que le disputan el poder a la legalidad”.